martes, 19 de julio de 2011

Teorioas de la Comunicación

Teoría de la Información
Antiguamente, la Teoría de la Información era también conocida como Teoría Matemática de la Comunicación. Ésta analiza cuál es la cantidad de señales que pueden transportarse por un determinado canal.
Los aspectos de los procesos de comunicación que interesan a esta teoría son:
• Determinar la cantidad de información que puede contener un flujo de mensajes
• Determinar el canal o red de comunicación alternativa, por la que puede circular más información.
• Determinar las formas de codificación.
• Determinar los efectos que sobre la decodificación puede producir las perturbaciones introducidas durante el transporte.
Es decir, y en otras palabras, que las condiciones óptimas para la transmisión de mensajes son:
• Que al número más reducido posible de señales se ajuste la mayor cantidad de mensajes diferentes posibles.
• Que se seleccione el canal más apropiado para hacer circular más información y al mayor número de usuarios.
• Que se construya un código que elimine o al menos trate de eliminar la ambigüedad en su determinación.
• Que se limiten al máximo los “riesgos” de la distorsión y del ruido en la transmisión.
Teoría de la Comunicación
La Teoría de la Comunicación estudia la capacidad que tienen algunos seres vivos de relacionarse con otros intercambiando información. Es una reflexión científica muy nueva, pero en cambio, su objeto de estudio, la comunicación, es una actividad muy antigua: la aptitud para servirse de la información en la interacción la poseen especies animales que habitaban en la tierra mucho antes que el hombre. Es la teoría en caminada a fundar el estudio de los comportamientos comunicativos.
Esta teoría está interesada en explicar cómo el ser vivo controla su entorno mediante el recurso a la información.
El estudio de la comunicación sirve para comprender el mecanismo por el cual quien inicia la actividad comunicativa consiga lograr sus objetivos sin recurrir a la acción ejecutiva. Según esto, se comprende el interés que ha despertado este estudio en las llamadas Disciplinas Instrumentales, o disciplinas que persiguen fines instrumentales. Se llaman Disciplinas Instrumentales aquellas que están interesadas en conocer las técnicas adecuadas para hacer que el receptor haga determinadas cosas de determinada forma (comprar, votar, ...) y del modo y manera que desea el emisor.
LOS MODELOS
• CONCEPTO DE MODELO
Un modelo es la representación de algún tipo de organización de alguna cosa. Para ello es necesario tener en cuenta sus componentes y las diferentes relaciones que existen entre ellos.
• CLASES DE MODELOS
a) Modelos icono - analógicos. Los componentes de aquello que se va a representar se designan en el modelo por datos que se les parecen, y las relaciones entre aquellos componentes se conservan de manera formalmente análoga en el modelo.
b) Modelos icono - no analógicos. Los componentes de aquello que se va a representar están representados en el modelo por datos que se le parecen, pero las relaciones que existen entre aquellos componentes no se conservan en el modelo.
Este tipo de modelos sirven para conocer más o menos el aspecto de la cosa representada, pero no sirven para reconocer cómo funciona, ya que el modelo no da cuenta de las relaciones existentes entre sus componentes.
c) Modelos conceptual - analógicos. Los datos que utiliza el modelo no se parecen a los componentes de la cosa que se representa, pero en cambio, el modelo expresa de manera análoga las relaciones que existen entre aquellos componentes.
• Características Generales que deben poseer los modelos
• Referencia a un criterio de uso
Los modelos representan solamente aquellos componentes y aquellas relaciones existentes en aquellos que es representado, que son pertinentes para los fines que persigue el modelo.
Se denomina “criterio” al objetivo que se le asigna al modelo. Cualquier modelo debe representar los componentes y/o las relaciones que exige el criterio de empleo que se ha elegido, pero no debe reflejar todos los componentes ni todas las relaciones que existen en el objeto que se representa.
• Indicación de su grado de terminación
Se deben identificar cuáles son los datos que deben incluirse necesariamente para satisfacer el criterio y qué otros datos deben de excluirse del modelo porque no satisfacen el criterio. Así, se distingue entre:
o Modelos completos: los modelos que contienen todos los datos necesarios y suficientes que requiere el criterio de uso.
o Modelos incompletos: aquellos que no han logrado identificar todos los componentes y/o relaciones.
o Modelos no adecuados al criterio: modelos que dejan duda sobre la pertinencia de los datos que recogen.
• Indicación de su grado de cerramiento
Hay ciertas cosas que, por su naturaleza, no pueden ser representadas en un modelo completo y pertinente, ya que ellas mismas son incompletas o no son susceptibles de ser examinadas bajo un único criterio.
A un objeto completo se le puede representar por un modelo cerrado (respecto al criterio elegido). A un objeto incompleto sólo se le puede representar por un modelo abierto (capaz de incorporar el cambio que se opera en el objeto representado).
Desde el punto de vista de la investigación que se puede llevar a cabo con unos u otros modelos, sólo los modelos cerrados permiten explicaciones exactas sobre el funcionamiento y la estructura del objeto, en tanto que los modelos abiertos autorizan explicaciones probabilísticas sobre su estructura y/o su función.
• MODELOS DE COMUNICACIÓN
• REPRESENTACIÓN DE SISTEMAS DE COMUNICACIÓN
Un modelo de comunicación deberá poseer las características de cualquier otro modelo, y por lo tanto tendrá que ser valorado en función de los siguientes rasgos:
a) El criterio de uso al que corresponda el modelo. En cualquier caso, ese criterio debe aparecer explícito para que no se pida al modelo más de lo que pretende, ni se justifique con menos de lo que trata de abarcar.
b) El grado de terminación. En campos concretos de la comunicación, y para criterios específicos, es posible la construcción de modelos completos y pertinentes. Sin embargo, desde el punto de vista de la Teoría de la Comunicación, los modelos más interesantes son necesariamente incompletos.
c) El grado de cerramiento. El sistema de comunicación está por naturaleza abierto al influjo del sistema social, el cual altera constantemente los componentes y las relaciones existentes en el problema. En consecuencia, un modelo cerrado es, por definición, una representación falseada del sistema comunicativo.
Ya que la representación del sistema de comunicación obliga al empleo de modelos abiertos, la representatividad del modelo vendrá dada por los siguientes factores:
1. La capacidad del modelo para aproximarse al funcionamiento real del sistema con un grado de error aceptable. La capacidad de simulación del modelo determina su validez y su confiabilidad.
2. La capacidad del modelo para incluir los cambios que se operan en la realidad y transforman los componentes o las relaciones del sistema de comunicación. La capacidad de prospectiva del modelo determina su utilidad y su permanencia.
3. La capacidad del modelo para dar cuenta de la dependencia que el sistema de comunicación tiene respecto al sistema social. Esta capacidad referencial del modelo determina su objetividad.
• CLASES DE MODELOS QUE REPRESENTAN SISTEMAS DE COMUNICACIÓN
En general, todos los modelos que respondan a las exigencias comentadas en el punto anterior son adecuados para trabajar en la Teoría de la Comunicación.
La preferencia por una u otra clase de modelos de comunicación tiene que ver con el criterio de uso que se elige. Se distingue entre dos clases de criterios:
• Interesa describir los componentes y las relaciones de un sistema de comunicación dado. Estos estudios aconsejan modelos en los que se represente la estructura del sistema.
• Interesa investigar el modo de empleo del sistema de comunicación, para intervenir en el sistema, introduciendo cambios en el mismo (como por ejemplo, un psicólogo que trabaja en relaciones familiares). Para esto son aconsejables modelos que representen las funciones del sistema.
MODELOS EXISTENTES EN LA TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN
Los modelos existentes en la Teoría de la Comunicación se dividen en dos tipos:
• Modelos que se aplican al estudio de sistemas de comunicación particulares.
• Modelos que analizan la comunicación como sistema general.
• Modelos que estudian sistemas de comunicación particulares
Estos modelos entienden que la comunicación social se caracteriza por la clase de “actores” que interactúan, la clase de canales que sirven como instrumentos de comunicación y por la clase de contenidos comunicativos.
o Actores: emisores y receptores
o Canales: mass media; instrumentos de comunicación que contactan con actores dispersos.
o Contenidos Comunicativos: mensajes; se estudian desde el punto de vista de los efectos sociales que producen.
Según esto, este tipo de modelos se clasifican en Behavioristas y Funcionalistas.
MODELOS BEHAVIORISTAS
El Behaviorismo supone la aplicación al estudio de la conducta animal y humana.. El behaviorismo entiende por “conducta” un movimiento, un comportamiento, una palabra, que se puedan considerar como la respuesta a un estímulo creado o controlado por el experimentador.
Componentes que el modelo toma en cuenta
La aplicación de este modelo al estudio de la comunicación genera modelos cuyos componentes son los siguientes:
• Los posibles estímulos capaces de producir una conducta en el actor.
• Las posibles respuestas del actor, que cabe atribuir a la existencia de estímulos comunicativos.
• El sujeto experimental, Actor que recibe los estímulos comunicativos y proporciona las respuestas conductuales.
• El sujeto estimulador, que es quien genera los estímulos.
• Los instrumentos que intervienen en la aplicación de los estímulos comunicativos a los actores.
Características de cada uno de los Componentes
• Los estímulos comunicativos son las palabras (habladas y escritas). Las palabras, gestos y símbolos son productos sociales, pero los behavioristas hacen abstracción del origen y uso social, para tomar en cuenta solamente su frecuencia.
• Las respuestas comunicativas son las palabras o cualquier otra manifestación efectuada por el sujeto experimental como consecuencia de los estímulos que recibe. También se consideran respuestas todos los restantes actos que son atribuibles al efecto de los estímulos comunicativos, actos tales como reír, llorar, agredir...
• El sujeto experimental es concebido en el behaviorismo como actor consumidor de comunicación; puede ser tanto un individuo como un individuo como una población.
• El sujeto estimulador es cualquier comunicador que aspira a lograr una respuesta determinada en el sujeto experimental, por el recurso a un estímulo comunicativo.
Los fines que persigue el sujeto estimulador no son perceptibles para el observador, excepto cuando el observador y el estimulador coinciden en la misma persona.
• El instrumento se estudia como variable interviniente. Es social, tanto en su origen como en su uso, pero los behavioristas lo analizan como mero lugar de paso para los estímulos.
MODELOS FUNCIONALISTAS
Introducen modificaciones en el modelo behaviorista. En primer lugar, los estímulos que toma en cuenta son los que proceden de los “órganos de la sociedad” o les afectan; entendiendo el término “órgano social” en sentido muy amplio: por ejemplo, grupos de opinión, consumidores, etc...
El Funcionalismo adopta la tesis de que todo estímulo que contribuye a asegurar la función social es funcional; y todo estímulo que quebranta el desempeño de esa función es disfuncional; los estímulos que no afectan a las funciones socialmente necesarias se consideran a funcionales.
Componentes que el modelo toma en cuenta
a) Los posibles órganos que pueden cumplir la función de emisores de comunicación.
b) Las funciones sociales que se aseguran por el recurso a la comunicación y eventualmente, las disfunciones que la comunicación pueda generar en el “Sistema Social”.
c) Los posibles órganos que pueden cumplir la función de “Receptores” de comunicación. El “receptor” del funcionalismo puede designar a un interventor institucional o un consumidor de información.
d) Los posibles medios que no son adecuados para poner en comunicación al órgano emisor con los receptores, y asegurar la respuesta de los receptores hacia los emisores.
f) Los posibles mensajes funcionales y eventualmente, aquellos que son disfuncionales.
DIFERENCIAS ENTRE CONDUCTISTAS Y FUNCIONALISTAS
Los Funcionalistas se preocupan por las consecuencias de los mensajes en los destinatarios, mientras que los Conductistas sólo consideran como efecto aquello que es explícito.
Los Conductistas emplean un modelo unidireccional. Los Funcionalistas estudian si hay una retroalimentación, si es bidireccional (es decir, si hay respuesta del receptor).
• Modelos que se aplican al estudio de la comunicación como un sistema general
Estos modelos pretenden estudiar la comunicación como un sistema general. Esto se considera que es así cuando quiere formular principios teóricos o metodológicos, que serían válidos para su posterior aplicación a sistemas concretos de comunicación. En principio, esta clase de modelos son los únicos que reúnen las condiciones para avanzar hacia una teoría de la información. La característica común de todos estos modelos es su mayor grado de formalización.
Hay cuatro clases:
o Estructuralistas
o Sistémicos
o Matemático - Informacionales
o Dialécticos
MODELOS ESTRUCTURALISTAS
Estos modelos designan la configuración de un sistema de intercambio entre cualquier clase de actores sociales. Tratan de identificar lo que hay de común en otros modelos obtenidos de realidades muy diferentes.
Componentes que el modelo toma en cuenta
• Las relaciones de cambio que se observan a un nivel inmediato entre los actores.
• Las reglas que explican las relaciones de cambio.
• Todos los campos en los cuales sea de aplicación el código que se ha identificado.
MODELOS SISTÉMICOS
La aportación de la Teoría de Sistemas frente a otros enfoques teóricos consiste en lo siguiente:
• Estudia el objeto como un sistema que interactúa solidariamente con el medio ambiente y que está constituido por partes ligadas entre sí por fuertes interacciones.
Los principios de la Teoría General de Sistemas son los siguientes:
• Tiene en cuenta las relaciones existentes entre el Sistema Social y los restantes sistemas con los que establece un intercambio.
• Ningún sistema se modifica a sí mismo. En el caso del Sistema de Comunicación cabe aceptar que se modifica por la influencia exterior de otros sistemas.
• Cuando se estudia un sistema a lo largo del tiempo hay que considerarlo incluido en otro sistema.
• Ningún sistema puede estudiarse aisladamente.
Componentes que el modelo toma en cuenta
• Las personas que interactúan en la relación comunicativa.
• Las otras personas.
• Las reacciones de cada persona a la imagen que se hace del otro y a la presuposición que se hace de cómo le ve el otro.
• Las respuestas que la persona da al otro como consecuencia de las reacciones indicadas en el punto anterior.
• Los propios fines que cada persona persigue en la interacción y en la representación que se hace de los fines que persigue el otro.
• La manera en la que cada persona interpreta que el otro valora los fines del primero.
MODELOS MATEMÁTICO - INFORMACIONALES
Este modelo pretende representar un sistema general de comunicación, porque excluye de ésta cualquier referencia a contenidos y selecciona únicamente el fenómeno que cualquier sistema de comunicación supone: la transmisión de señales. Su criterio de uso consiste en estudiar la optimización de la transmisión de mensajes, a partir de las condiciones que impone un transporte de señales.
Componentes que el modelo toma en cuenta
• Fuente de Información. De donde ésta parte.
• Transmisor. Es el encargado de la emisión de señales de que dispone la fuente, las cuales ordenadas constituyen un mensaje.
• Canal. Es el conducto físico por el que discurren las señales.
• Fuente de Ruidos. Los ruidos son señales ajenas a la fuente de información que o interfieren el paso de las otras por el canal o interfieren en la recepción del mensaje.
• Receptor. Es quien recibe las señales y las decodifica, traduciéndolas a otro sistema para poderlas entender.
• Destino. Punto final del proceso unidireccional de transmisión. Este componente es indispensable para la fidelidad de la transmisión.
MODELOS DIALÉCTICOS
La dialéctica se aplica al análisis de los sistemas finalizados que cambian a lo largo de la historia. El sistema de comunicación social es uno de ellos, está finalizado, de forma que puede ser estudiado a través de la dialéctica.
Componentes que el modelo toma en cuenta
• La infraestructura tecnológica que permite producir comunicación. Los medios son analizados como instrumentos de producción.
• Los productos comunicativos. Se analizan los temas de los que se ocupan los media y la forma en que los tratan.
• La división social a nivel del cambio comunicativo. El análisis trata de identificar las relaciones de poder que subyacen en el uso de la comunicación.
• Se estudia quién son los verdaderos propietarios de los media, coincidan o no con la titularidad oficial. Este análisis está orientado a establecer los efectos de la división social entre propietarios reales de los media y trabajadores de los mismos, así como del uso que de los media se hace.
CREACIÓN DE UN MODELO PROPIO
Este modelo que voy a intentar crear se basa en el modelo behaviorista. Para definirlo, haré como en el caso de los ya existentes que he expuesto en el trabajo, describiendo:
o los supuestos en los que se basa
o los componentes que el modelo toma en cuenta
o descripción de cada uno de estos componentes
El modelo que intento crear lo llamaría Modelo Psicológico, y en él intento describir la actuación de un psicólogo hacia un joven que tiene problemas en su entorno familiar, para intentar modificar esa conducta.
MODELO PSICOLÓGICO
Supuestos en los que se basa
El behaviorismo debe su nombre a la palabra inglesa `behavior', que significa conducta. Por lo tanto, es un estudio de la conducta tanto animal como humana.
Para el estudio de mi modelo yo me baso en las relaciones familiares, las conductas que se dan en el entorno cerrado de una familia, que en sí misma es un sistema propio. En el caso de que haya algún problema en el desarrollo de las relaciones entre sus miembros, interesa investigar en el modo de empleo del sistema de comunicación para intervenir en el sistema de modo que podamos introducir cambios en el mismo. Este es el caso que propongo, de un psicólogo que trabaja para mejorar las relaciones familiares.
Componentes del modelo
o los estímulos comunicativos
o las respuestas a ellos
o los instrumentos
o el sujeto experimental
o el sujeto estimulador
Descripción de cada componente
1. Estímulos. Son los capaces de producir una conducta comunicativa en el actor, una respuesta. En el caso que propongo pueden ser palabras, aunque también evocaciones del pasado que se le hacen al joven, por ejemplo una canción que le cantaba su madre o incuso olores que le recuerden a su infancia, cuando no existía ese problema de relación.
2. Respuestas. Éstas se atribuyen por supuesto a la existencia de los estímulos, ya que sin ellos no se darían. En este caso y dada la complejidad del tema que se trata, yo creo que se puede considerar respuesta cualquier pequeño síntoma que se aprecie en el oven de que se ha recibido y entendido el mensaje.
Lo más claro sería una respuesta verbal, pero también se le puede pedir que escriba, o pinte lo que el estímulo le ha sugerido.
Si no quisiera responder a nada de lo anterior porque se trate de un joven muy difícil, habrá que observar hasta el más mínimo gesto que él haga ante el estímulo, puesto que eso también serán respuestas.
3. Los instrumentos que intervienen, es decir, el canal por el que transcurre esta información.
4. Sujeto Experimental. Se trata de quien recibe los estímulos y proporciona las respuestas, en este caso el joven a quien se está tratando.
5. Sujeto Estimulador. Es quien en general los estímulos, en este caso con fines prácticos (terapéuticos) ya que busca alcanzar la mejora de las relaciones familiares.
El psicólogo intenta inducir en el joven una clase de respuestas deseadas, aplicando determinados estímulos comunicativos, como el que ya he comentado.
CONCLUSIÓN
A lo largo de la Historia de la Humanidad, el hombre y las demás especies siempre han pretendido comunicarse con sus semejantes, ya fuera por medio del lenguaje, como en el caso del hombre, o por medio de gestos y sonidos, como hacen además del hombre otras especies animales.
Así, la comunicación ha ido evolucionando, además de en el hombre, en otras especies que también se sirven de ella. Esta evolución se ha sucedido de forma gradual, de forma que podemos observar grandes diferencias desde las acciones innatas que podemos reconocer en todos los organismos, incluso en los más simples (como pueden ser los reflejos, los instintos, etc...) hasta las acciones más propias de seres más complejos, el cual es el caso del hombre (como puede ser el lenguaje, el pensamiento, la interacción entre dos o más personas, etc...)
En cualquiera de los dos casos, evolucionada o no, la comunicación pude darse cuando concurren una serie de circunstancias:
• Existen dos o más agentes que intervienen en el proceso comunicativo
• Entre estos agentes hay una clara distinción de dos partes:
• quien emite o va a emitir las señales, que es la persona que quiere comunicar algo.
• quien recibe o va a recibir las señales, que es la persona a la que se quiere comunicar.
Este último, tendrá que ”traducirse” las señales (decodificación) de modo que obtenga el mensaje que el otro le ha enviado. Las señales no son necesariamente de lenguaje, ya que también se puede comunicar un mensajes por medio de gestos, como en el caso de las personas sordas o incluso simplemente con actitudes, dada la complejidad del hombre.
La codificación y la decodificación de las expresiones constituyen un acto que viene dado por los conocimientos y la experiencia, de forma que los procesos de comunicación se ven afectados por reglas. En el caso del ser humano, y al vivir éste en un sistema tan estructurado como es la sociedad, estas reglas no están únicamente basadas en el lenguaje o en los gestos que he comentado antes, sino que también influye activamente la sociedad, y las normas o valores que ésta impone.
Dada la importancia de la comunicación para el hombre, éste se ha dedicado a estudiarla, elaborando la Teoría General de la Comunicación, en la que recoge los distintos modelos de comunicación que existen, que son los que he tratado de exponer en el presente trabajo. La base de cada uno de los modelos es siempre la misma, y ésta es, como expliqué en la introducción del trabajo, que en cada modelo nos encontramos con los siguientes elementos:
 En cuanto a los componentes:
o Fuente de Información
o Transmisor ! señales emitidas
o Canal
o Ruido
o Receptor ! señales recibidas
o Destino
 En cuanto a lo que se pretende:
Comunicar, conseguir que la otra persona entienda algo o haga algo por medio de esa comunicación.
En conclusión, todos estos estudios y teorías sobre los distintos modelos de comunicación responden a la necesidad del hombre de saber qué mueve a una persona a realizar determinados actos a partir de una recepción de estímulos y cuál es la forma que tiene el mensaje emitido por el emisor de llegar al receptor, qué circunstancias lo mueven, por qué se establece esta comunicación, etc...
Por Migdalia Pineda de Alcázar
Profesora Titular e Investigadora de la Escuela de Comunicación Social de LUZ (desde 1975)

Directora del Centro de Investigación de la Comunicación y la Información (CICI) de LUZ.

El artículo presenta resultados preliminares del proyecto de investigación actualmente en desarrollo sobre nuevas propuestas de teorías y modelos de la comunicación para explicar los cambios que introducen las tecnologías de la información en los procesos de comunicación. Aborda el problema de la transdisciplinariedad en los nuevos paradigmas de las Ciencias de la Comunicación y de cómo se verían afectados los enfoques teórico-metodológicos en este campo. A partir del análisis de cómo el cambio tecnológico modificará la comunicación social del siglo XXI, se revisará la emergencia de un nuevo Neopositivismo en las Ciencias de la Comunicación con sus derivaciones teóricas y se contrastará con la aparición de un nuevo pensamiento holístico basado en la multiplicidad.

INTRODUCCIÓN

Los profundos cambios ocurridos en el campo de las comunicaciones debido a la convergencia de tecnologías informáticas, de telecomunicaciones y audiovisuales, han revolucionado las formas de producción, de difusión y de recepción de la información, han alterado las relaciones de intercambios entre emisores y receptores y entre usuarios mismos hasta el punto de permitir otras modalidades de interrelación mediatizadas pero interactivas, dialógicas, en tiempo real y personalizadas.
Pero todas esas modificaciones están obligando a la revisión de los conceptos de información y de comunicación que han venido siendo utilizados en las Ciencias de la Comunicación, los cuales se han visto alterados al haberse modificado los dimensiones del tiempo y del espacio sobre las cuales se habían sostenido. Con la convergencia telemática, el tiempo de la comunicación se reduce hasta hacerse prácticamente instantáneo (tiempo real) y el espacio no queda constreñido a límites geográficos o de distancias sino que puede ser alterado por las tecnologías de la información que nos acercan a los hechos sin movernos de nuestro sitio y nos trasladan a espacios virtuales, cibernéticos, donde podemos experimentar sensaciones interactivas diferentes (Vega, 1999).
Todas estas potencialidades de la comunicación son posibles hoy en un espacio globalizado, sin fronteras, sin limitaciones, accesible por las redes telemáticas, el ciberespacio, que nos permite movernos entre los límites de lo global a lo local de manera simultánea.

La globalización como un nuevo orden no sólo económico, sino político, social y cultural producto de la modernidad, ha dado una nueva dinámica a la expansión del capital sobre todo a partir de los años setenta con la aparición de las modernas tecnologías de las comunicaciones y los transportes que han permitido que los procesos de producción tengan una alta movilidad geográfica y que se comience a percibir que el mundo es un todo, dominado por las grandes multinacionales.
La nueva realidad regida por las grandes corporaciones ha hecho aparecer un pensamiento neoliberal que reivindica la potencialidad del mercado, la libre ganancia y la competencia como los valores dominantes de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, la globalización y el neoliberalismo que la acompaña no ha resultado ser un proceso simple sino complejo y lleno de paradojas, que destaca las contradicciones sociales y pone en tela de juicio todas las verdades o certidumbres sobre las cuales el hombre moderno se había apoyado para entender y explicar su mundo.
En este trabajo se abordará el problema de la crisis de los paradigmas en las Ciencias de la Comunicación y la necesidad de los enfoques transdiciplinarios como vía para el enriquecimiento y la renovación del pensamiento comunicacional, y se insistirá en la coexistencia de dos corrientes teóricas: un nuevo neopositivismo, alimentado por los enfoques sobre los procesos informáticos y organizacionales, y el surgimiento de un nuevo pensamiento holístico y transdisciplinario.
1.- CRISIS DE LOS PARADIGMAS Y EL PENSAMIENTO TRANSDISCIPLINAR

En las ciencias de la comunicación los paradigmas clásicos han entrado en crisis desde hace varias décadas, sobre todo porque su visión instrumental y pragmática del fenómeno han impedido ver la multiplicidad y riqueza del proceso comunicativo.
La visión positivista, racionalista presente en la teoría de la comunicación que dio origen al paradigma de Laswell, en la actualidad resulta insuficiente para dar cuenta de los cambios que se están produciendo en las relaciones de comunicación, lo cual está obligando a plantear una recomposición del campo de estudio que traspase las fronteras disciplinarias sobre las cuales se había sustentado una teoría de la comunicación que explicaba el fenómeno desde la psicología conductista, la sociología funcionalista, al semiología estructuralista y el marxismo clásico.
La transdisciplinaridad emerge pues como un camino metodológico para enfrentar la pérdida de las certidumbres teóricas en las ciencias sociales en general y en las ciencias de la comunicación, en particular. Sobre todo porque ella da idea de ruptura de límites, de fronteras en la constitución de los saberes y se abre al conocimiento multipolar, descentrado, ramificado y entrecruzado y con ello da paso a la visión de un conocimiento no compartimentado, no fragmentado, ni separado por disciplinas estrictas que sólo permiten enfoques cerrados y parcelados sobre los problemas que abordan.

La transdisciplinaridad, según Deleuze y Guattari (citado por Búfalo, 1999: 15), alude a "una modalidad rizomática de saberes, organizada por mesetas, ya que una meseta no está ni al principio ni al final sino en el medio y como tal es una zona continua de intensidades, que vibra sobre sí misma y que se desarrolla evitando cualquier orientación hacia un punto culminante o hacia el exterior... La meseta es pues una multiplicidad que se conecta con otras por tallos superficiales o subterráneos para extender un rizoma, que conecta con otro punto de distinta naturaleza, de signos distintos y que no puede ser reducido a lo Uno, ni a lo múltiple porque no está hecha de unidades sino de dimensiones cambiantes. No tiene principio ni fin, sino un medio por el que crece y se desborda... Esta constituida por multiplicidades lineales de infinitas dimensiones, sin sujeto ni objeto, que por su naturaleza no varía sus dimensiones sin cambiar ella misma ". (Deleuze y Guattari, 1994)

Considerada así, la transdisciplinaridad se opone a los sistemas jerárquicos de las ciencias positivistas, con sus centros de significancias y saberes organizados en función del pensamiento cartesiano y el método hipotético deductivo, como punto fijo de partida y como principio del saber. Además, las disciplinas modernas positivistas son discursos fundados por un sujeto, concebido como un individuo soberano de conocimiento entendido en términos kantianos, que otorga propiedades gnoseológicas a quien ha hecho un esfuerzo espontáneo por producir el conocimiento. Mientras que el enfoque transdisciplinar concibe a los discursos científicos como agenciamientos colectivos de enunciación, que provienen del aumento de dimensiones de una multiplicidad que cambia de naturaleza, diluyendo al sujeto cognoscente en las prácticas subjetivas con dimensiones sociales, dando paso a una nueva figura de la subjetividad: el individuo social (Del Búfalo, 1999), capaz de una nueva manera de relacionarse, en un espacio liso, heterogéneo, sin puntos fijos, de variaciones continuas, formado por eventos más que por cosas.

Partiendo de la anterior concepción del saber transdisciplinario, se hace necesario que la revisión teórica se desplace de los compartimentos estancos disciplinares hacia las prácticas sociales donde se configuran los individuos como sujetos sociales y que se cargue de sentido político.
El fin de la ciencia convencional, lineal, obliga a la reconstrucción de la actitud científica para dar paso a enfoques emergentes que insisten en la discontinuidad, en la diferencia y en una nueva sensibilidad ética y social, que cuestionan el modo de conocer dominante en las ciencias occidentales basado en la objetividad, verdad y verificación empírica como método único de acercamiento a lo real.
El pensamiento transdisciplinar plantea que la ciencia no es única, que los resultados de la actividad científica deben tener una vinculación con la vida cotidiana y subjetiva de las personas, que la ciencia como actividad humana supone una interpretación desde la óptica de quien la realiza y que los estados afectivos de los sujetos sociales pueden modificar, afectar y alterar los procesos cognitivos, por lo que todo conocimiento no remite a un hecho puro sino a una interpretación.
Antes estos desafíos, lo que está en crisis es el paradigma positivista de las Ciencias clásicas y sus modos de conocer pero no un nuevo paradigma epistémico que en su multiplicidad y descentramiento concibe una ciencia más humana, más humilde, más relativa y más crítica. (Martínez, 1999)
En el campo de las Ciencias de la Comunicación el salto hacia lo transdiciplinar, ha significado en las dos últimas décadas no sólo el cuestionamiento del paradigma del modelo de comunicación unilateral de Laswell sino un enriquecimiento téorico- práctico de la investigación devenido de enfoques de la antropología, la historia, la economía política, la etnografia y la sociología crítica que han comenzado a interrogar los problemas de la comunicación desde otras ópticas como la de los movimientos culturales y las mediaciones simbólicas, porque más que desde los objetos (medios) o desde los sujetos (emisores/receptores) se aborda el problema de las subjetividades y los discursos sociales.

2. - LA EMERGENCIA DE UN NUEVO NEOPOSITIVISMO EN LAS CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN

Sin embargo, el campo de la comunicación no escapa a las contradicciones que plantea la crisis de los paradigmas, y los avances teóricos logrados con enfoques más abiertos y flexibles se han visto acompañados de la aparición de planteamientos que devienen de una matiz teórica neopositivista, la cual ha resurgido a mediados de los setenta y se ha extendido en las décadas de los ochenta y los noventa con los enfoques gerenciales y la comunicación organizacional, así como con la teoría informacional, derivada de la cibernética, aplicada al estudio de los procesos de transmisión de información mediante computadoras.

En el fondo de esos enfoques se encuentra la teoría general de los sistemas, del biólogo Ludwing Von Bertalanffy (Mattelart, 1997:44), según la cual la información y sus procesos de transmisión y control en el seno de las organizaciones contribuyen a que los mismos funcionen, se regeneren, se institucionalicen y sobrevivan. Al trasladar el concepto de sistema a las organizaciones sociales y al pensar que todos los sistemas bien sea físicos, biológicos, psicológicos y sociales tienen características similares y pueden trabajar con un mismo modelo de análisis se confluye con las propuestas funcionalistas de la teoría de Talcott Parsons sobre los sistemas.
Según Lilienfeld (1984), la teoría de los sistemas concibe que el estado característico de los sistemas abiertos es su constante interacción con el entorno, con el cual mantiene una situación constante de equilibrio a pesar de que las entradas y salidas de información al sistema pudiesen producir transformaciones en sus partes. El concepto de estado constante de todo sistema abierto, es tomado de las leyes termodinámicas de la física, según las cuales el equilibrio de un sistema, su permanencia en un estado constante a pesar de estar abierto al entorno, depende fundamentalmente del suministro de energía. En el fondo todo enfoque sustentado en la teoría de los sistemas busca siempre el equilibrio.

En una visión más moderna, Niklas Luhmann aporta su teoría que considera a la sociedad como un sistema abierto que comprende no sólo los procesos evolutivos del hombre sino su proyecto de futuro, como un sistema dinámico pleno de significaciones dialógicas pero acompañado de un desarrollo tecnológico que si bien presenta peligros para la especie humana también contiene la esperanza y el futuro de la misma. (De Oliveira, 1992).

Aunque Luhmann busca abordar lo social de una manera más integral que las teorías clásicas lo hace desde la propuesta de la teoría de los sistemas, según la cual la sociedad es un sistema que se autogenera y autorreproduce, un sistema complejo integrado no tanto por individuos sino por la comunicación y determinado por la producción de sentido (Burkle, 1994:127-141).

El cientificismo sistémico que acompaña este pensamiento y que busca abordar la globalidad, las interrelaciones de los elementos que conforman al todo y la complejidad de los sistemas como conjuntos dinámicos y cambiantes, aplicado al campo social penetró primero en las ciencias políticas para luego incursionar en el campo de las ciencias de la comunicación a partir de Laswell, cuando se estudia cómo los medios y la información intervienen en la formación de las decisiones políticas y cuando se aborda el problema del feed-back o comunicación de retorno en su función de retroalimentación y regulación del sistema. (Mattelart, 1997).
En la actualidad, ese cientificismo sistémico ha servido de apoyo a teorías sobre las sociedades tecnológicamente avanzadas que analizan las innovaciones sociales y los procesos informáticos y electrónicos producidos en la sociedad de la información y a teorías sobre el análisis sistémico de las organizaciones modernas y sus estudios gerenciales; las cuales continúan dependiendo fuertemente de las derivaciones teóricas de la biología y la física al considerar a la categoría "sistema" como una realidad fija, determinada por funciones y disfunciones controlables, que aunque en sus visiones más progresistas incluyen al concepto de "sistema abierto", y con ello plantean una divergencia con la física clásica, no transgreden la matriz teórica propia del pensamiento científico positivista.
3. - LAS TEORÍAS CONVERGENTES, LA TRANSGRESIÓN DE PARADIGMAS Y LAS APROXIMACIONES DIALÉCTICAS


Frente a ese resurgir de un nuevo neopositivismo que acompaña a las visiones optimistas sobre la cultura organizacional y el papel del crecimiento exponencial de la información en las sociedades modernas, sobre todo con el desarrollo de las tecnologías de la información, aparece un nuevo pensamiento más holístico y global que en su oposición con el positivismo modernista busca radicalizar la reflexión y aboga por un pluralismo metodológico.

En los años noventa, la fuerza del pensamiento posmodernista en las Ciencias Sociales parece tender hacia esa dirección, la de la confluencia, la interdisciplinaridad, la del alejamiento de la racionalidad científica encerrada en las fronteras del positivismo lógico, la de la vuelta de la ciencia hacia la vida humana, la de la reflexión profunda para derrumbar o validar viejos argumentos.
Esa "síntesis creativa", según la definición de Enrique Sánchez (1992) se sustenta en la teoría de las apropiaciones dialécticas, en la reflexión teórica, en el pluralismo disciplinario y en la confluencia metodológica como vías para comenzar una tarea de recomposición del pensamiento científico del siglo XXI que deberá arrancar de la transgresión de teorías paradigmas, modelos y enfoques metodológicos para poder iniciar la construcción de otras teorías con fundamentos filosóficos, éticos y epistemológicos críticos, desde lo real-global y con enfoques más holísticos, integrales y sinérgicos.

Los riesgos que implican esa nueva aproximación a la realidad desde una perspectiva distinta, nos obligan como investigadores de la comunicación a retomar la investigación teórica para ejercer una vigilancia epistemológica que hoy resulta fundamental para reconstruir los campos del saber comunicacional que han estado fuertemente influenciados por enfoques metodológicos y teóricos propios del neopositivismo.

Por su parte, la confluencia de nuevos enfoques en la constitución de paradigmas transdiciplinarios en el campo de la comunicación nos plantea la necesidad de mantener una apertura para mirar los fenómenos comunicacionales desde la historia, la cultura, la economía, la antropología y en ese juego de apropiaciones dialécticas poder acercarnos a problemas concretos que nos permitan una reflexión teórica más humanizada y menos instrumental.

La corriente de investigación latinoamericana ha empezado a llamar la atención sobre la necesidad de indagar la realidad comunicacional sin miedo a las aproximaciones empíricas, útiles para contrastar teorías, sin olvidar por ello las visiones críticas, de reconstrucción; en este planteamiento han coincidido los mexicanos Enrique Sánchez (1997), Raúl Fuentes (1997) y José Carlos Lozano (1994), entre otros.
Inclusive, Sanchez y Fuentes han mantenido un interesante debate sobre los retos de la investigación de la comunicación mexicana, que podrían ser perfectamente aplicados a la investigación latinoamericana en general. Por una parte, Sánchez (1992), valiéndose de su concepto de "síntesis creativa", plantea la idea de que lo que hace falta en estos tiempos de incertidumbres, de no verdades acabadas, es el equilibrio metodológico que permita proponer articulaciones creativas y críticas entre diversos enfoques, teorías, disciplinas y puntos de vistas que ayuden a conocer y comprender mejor la comunicación humana (Sánchez, 1997:55), aunque plantea que en los estudios mexicanos de la comunicación lo que se observa es una disciplinarización de los enfoques hacia la sociología.

Por su parte, Fuentes (1997), habla más de la postdisciplinarización de los estudios mexicanos y sostiene que frente a los retos más que de rescatar la disciplinaridad en la investigación de la comunicación, se trata "de construir por encima de las disciplinas sociales dominantes, una síntesis de conocimiento que supere los límites entre especialidades cerradas y jerarquizadas(...) cuya legitimidad académica y social dependa más de la profundidad, extensión, pertinencia y solidez de las explicaciones que produzca, que del prestigio institucional acumulado por un gremio encerrado en sí" (Fuentes, 1997:220).

Pero, para lograr esa síntesis no solamente hace falta que en América Latina se comiencen a proponer concepciones epistemológicas y teóricas propias, sino que se rescate la investigación empírica sobre problemas concretos de la comunicación, a modo de poder consolidar alternativas de conocimiento que transformen nuestra realidad. En este intento resulta, además, fundamental recurrir a múltiples enfoques de las ciencias sociales y al traspase de las fronteras anteriormente delimitadas para cada una de sus disciplinas.

En este punto resulta útil proponer para el debate no sólo el concepto de "postdisciplinaridad" utilizado por Fuentes, quien indica haberlo tomado de sociólogos como Giddens, Bourdieu y Thompson, sino el concepto de "transdisciplinaridad" como es entendido por Deleuze y Guattari (1994) -el cual fue apuntado en la primera parte de este trabajo por el filósofo venezolano Enzo Del Búfalo- quienes lo conciben como una multiplicidad de saberes que no tienen límites, ni principio ni fin, hecho de conjunciones y de entrecruces, que buscan subvertir los dogmas y paradigmas legitimados por el pensamiento científico occidental.
El objeto de estudio: la comunicación
Son numerosos y complejos los atributos de un objeto cuyo estudio constituye hoy uno de los problemas culturales más apremiantes. Precisamente esta complejidad y actualidad son las que están exigiendo a ese estudio la aproximación más rigurosa. De ahí que Ciencias de la Comunicación y la Universidad de la República hayan habilitado un espacio apropiado donde discutir diferentes teorías de la comunicación, donde definir denominaciones que responden a necesidades conceptuales diversas, donde confrontar perspectivas adoptadas y comparar las relaciones que se entablan entre disciplinas con objetos comunes o afines, donde la comunicación se realice en producciones que contemplen distintos aspectos y medios.
La instancia de iniciación a este estudio se complica por que la comunicación participa en formas que se encuentran presentes en todos los campos del conocimiento tanto en relación con el pasado, como la transmisión de la herencia cultural como también en la actualidad en tanto interacción informativa, o como una de las gestiones que requiere la creación al comprometer la continuidad y el cambio en un tiempo por venir.
El planteo se complica todavía más en esta época cuando la comunicación se presenta bajo una especie mediática, como un objeto en expansión, un objeto de reflexión demasiado reciente; de ahí, en parte, que no hayan sido ordenadas suficientemente hasta ahora las condiciones disciplinarias de su difuso estatuto de existencia universitaria. Por tratarse, además, del acontecimiento preponderante del presente, su examen no puede ignorar la dependencia de la actualidad ni los excesos de su extensión y crecimiento sin antecedentes; es necesario, es de rigor, pensar en este tiempo y en la Universidad. La definición y la formulación conceptual que requiere, constituye una manera de marcar el fin, los límites de un objeto que se desborda cada vez más.
Se trata de una institución en formación, de una «carrera» universitaria que, como otras, no puede ignorar los cambios decisivos de una aceleración tecnológica y su incidencia en la sociedad, una mutación cultural por la que atraviesa la comunidad toda, individuos y colectividades que todavía no han superado la perplejidad frente a un avance aparentemente cada vez más descontrolado. Más todavía, a diferencia de las otras carreras con las que se la compara, son también esos cambios decisivos los que constituyen su materia de estudio y realización.
TeLa línea norteamericana se corresponde con el funcionalismo, que entiende a la sociedad como un organismo generalmente equilibrado, el cual, en situaciones de desorden, busca regularse para volver al estado anterior.
Pascuali critica la reducción del fenómeno de la comunicación al fenómeno de los medios de comunicación y de esta manera se propone volver a la comunicación en sí misma formulando una Teoría Crítica de la Comunicación. En ella, los medios no son la comunicación, son aparatos que solo amplían la capacidad humana de comunicarse. Por otra parte, la comunicación es inherente a la formación de la estructura social. Comunicación y Comunidad se interrelacionan ya que se está en comunidad porque se pone algo en común a través de la comunicación. Por ende, es una categoría básica de la relación (Kant) y define uno de los modos de estar-con-otro, a nivel antropológico y a nivel sociológico. A diferencia de Información, implica una relación comunitaria humana que consiste en la emisión-recepción de mensajes entre interlocutores recíprocos.
Sfez plantea que en la sociedad de Comunicación se ha perdido la cohesión del conjunto, corrompida por la técnica, agente de fragmentación y desunión. Aquí entonces plantea la paradoja en la cual la técnica se presenta como papel de unión: comuniquémonos mediante los instrumentos que han debilitado la comunicación.

En la Crítica a la Comunicación, Sfez propone tres visiones y tres metáforas constitutivas para entablar la relación entre hombre y técnica. En la metáfora de la “máquina de comunicar” el hombre utiliza la técnica pero permanece libre ante ella, la máquina es exterior al hombre y “con” ella se apropia de la naturaleza. En la metáfora de “organismo”, los sujetos y los objetos están unidos; la preposición “en” indica que el artefacto no es herramienta sino el ambiente. Finalmente, la metáfora de la “sociedad Frankenstein” plantea que el sujeto no existe sino por la técnica; en ella la máquina creada por el hombre pasa a ser su propio creador, el hombre se comunica con su doble.
Laszerfeld y Menzel distinguen entre las comunicaciones de masas y las comunicaciones personales. En este aspecto destacan la importancia de los líderes de opinión, agentes de influencia semejantes a los medios de masas y señalan la manera en que las relaciones personales y los medios de masas se refuerzan y modifican entre sí. Por otra parte, Laszerfeld y Merton definen las tres funciones de los medios. En primer lugar, la función otorgadora de status, por la cual los medios confieren status al destacar algunos aspectos y volverlos a la atención pública. La función de compulsión de las normas sociales implica que pueden iniciar una acción social exponiendo diferentes condiciones respecto a lo establecido por la moral pública. Proponen además una disfunción narcotizante, que señala que los medios crean solo una preocupación superficial por los problemas de la sociedad.
Lasswell, plantea que el acto de comunicación con las 5W (Quién dice qué a qué en qué canal a quién y con qué efecto) debe ser contemplado en su totalidad en relación con las funciones de supervisión del entorno, correlación de partes en el entorno y transmisión de herencia social.
De Fleur en la Teoría General de los Efectos de la Comunicación propone un esquema de relaciones entre medios y otros sistemas sociales. Entre los medios y el sistema económico y político opera una relación de interdependencia; mientras que con otros sistemas (como el educativo y religioso) las relaciones son asimétricas. En base a ello formula la Teoría de la Dependencia entre medios y público, con sus efectos cognitivos, afectivos y de conducta.

La Teoría de los Usos y Gratificaciones toma como punto de partida al consumidor de medios más que a los mensajes. Los seres humanos crean y gratifican sus necesidades y los medios son alternativas funcionales para satisfacerlas. Las personas organizan diferentes esquemas de exposición a los medios que, según sus expectativas, les resultan más gratificantes.
Agenda-Setting es una metáfora que explica la capacidad de los medios de estructurar y organizar nuestro mundo. Plantea que los medios transfieren la relevancia de una noticia de su agenda a la de la sociedad, a lo cual se vincula el concepto de Necesidad de Orientación, apoyada en temas no entorpecedores y distantes de lo personal.
En contraste con la Escuela Norteamericana, la Escuela de Frankfurt basa su teoría crítica en el análisis de la ideología en la sociedad post industrial.
Dentro de esta corriente, Adorno alude al término Industria Cultural, donde el consumidor se transforma en objeto al cual su espíritu le es insuflado por los medios. Los hombres tienen una sensación de mundo confortable y ordenado, cuando en realidad se han convertido en individuos sin autonomía y consciencia.
En la misma línea de pensamiento, Marcuse habla del hombre unidimensional, como ser aislado y metido en el engranaje de la productividad, encerrado en la cotidianeidad, donde opera la de sublimación represiva, mecanismo por el cual el sujeto introyecta los procesos de dominación y se vuelve alienado. La racionalidad tecnológica neutraliza las potencialidades del ser humano, que se ve atrapado en la renuncia y la ironía del destino.
Benjamin analiza la reproductibilidad técnica del arte, por la cual pierde su aura (aquí y ahora) y su autenticidad. Mediante la reproducción el hombre se transforma en mero consumidor de aquello que antes de permitía libertad y emancipación. Contrasta al teatro con el cine y la fotografía, cambio de percepción
Habermas considera a la publicidad burguesa, como esfera en que las personas privadas se reúnen en calidad de público. Además propone la evolución de la publicidad, la cual se inicia en las cortes (siglo XVII) y luego cambian de sostén hacia los salones y los cafés, que establecen igualdad entre la aristocracia y los intelectuales burguesesorías norteamericanas
Críticas a la Teoría de la Comunicación
A partir de la teoría de la información, distintas disciplinas y pensadores, han analizado y reflexionado la concepción de la comunicación de Shannon y Weaver.
Muchos coinciden en que, dicho modelo, no se refiere a las personas como protagonistas de la comunicación, sino al proceso desde la perspectiva de sus aspectos mensurables, al estudio de las condiciones idóneas de transmisión de información entre màquinas; y al cálculo del volumen o pérdida de la información transmitida a través de un canal. Nada de esto, sin embargo, restó energía al sociólogo Weaver ni impidió su popularización y posterior aplicación para representar distintas expresiones de la comunicación humana. Su esquema simple, de fácil adaptación y su apariencia de objetividad, abrieron las puertas para una divulgación exitosa. Esto se expresó en forma manifiesta en la adopción amplia de su terminología, y como una contribución a la forma analítica y descontextualizada de interpretar el proceso de la comunicación.
La teoría de la información, es con toda propiedad una teoría de la transmisión, bien adaptada para responder a los requerimientos técnicos de una empresa telefónica, pero incapaz de servir de marco explicativo para una experiencia social como es la comunicación interpersonal. En dicho contexto, la información adquiere un significado muy preciso. No se trata de algunos de sus sentidos habituales, como noticia, dato o testimonio, sino de una magnitud estadística, abstracta, que califica el mensaje con absoluta independencia del significado que pueda tener para las personas que participan en una interacción. se trata de una información ciega en el contexto de un modelo telegráfico de la comunicación.
Es interesante observar que en la misma época en que Shannon formula su modelo, se abre una nueva área de la investigación científica con la aparición de la cibernética del filósofo y matemático Norbert Wiener. Surgen desde este momento, esfuerzos por hallar los elementos comunes al funcionamiento de las máquinas y el sistema nervioso y desarrollar así una teoría que abarque todo el campo del control y de las comunicaciones en las máquinas y los seres vivos. Claude Shannon, no estaba ajeno a estos aportes, y en particular no desconocía el reciente concepto de retroalimentación. Su propósito más acotado, de acuerdo a las necesidades de la compañía en la que trabajaba, lo llevaron por otro camino, y le impidieron obtener provecho de estos nuevos enfoques. Más difícil, sin embargo, es justificar a Warren Weaver, quien en su calidad de sociólogo pudo advertir tremenda potencialidad que encerraba la naciente cibernética para el estudio de la comunicación.
Norbert Weiner, había dado un golpe de muerte a las formulaciones simples de causalidad lineal, al mostrar el mecanismo de retroalimentación que opera naturalmente en todos los seres vivos, permitiendo adaptaciones y ajustes en su propio organismo y con su entorno. Un hecho a la vez simple y fundamental había sido puesto en evidencia, claramente aplicable a la comprensión de la comunicación: Un mecanismo de retroalimentación, registra el estado real de un sistema, lo compara con su estado final o deseable, y luego emplea la comparación para corregir su rumbo. Dicho en otras palabras, se trata de la propiedad de ajustar la conducta futura a los hechos del pasado (Wiener, 1.984). Un aporte que permitía una representación de la comunicación con todo su caracter dinámico e interactivo.
En la actualidad prácticamente, no se encuentra un texto expecializado de orientación social en que no se aborde críticamente el exámen de la teoría de la información. Ives Winkin, resume la posición de los autores de la Universidad Invisible, que incluye a pensadores tan prestigiosos como Gregory Bateson, Ray Birdwhitell, Edward Hall, Erving Goffman, Don Jackson y Paul Watzlawick, mostrando su clara coincidencia por abandonar este modelo. Winkin resume las cosas del siguiente modo: "Dicho consenso, se funda en una oposición de las ciencias humanas del modelo de la comunicación de Shannon. Según estos investigadores, la teoría de Shannon ha sido concebida por y para ingenieros de telecomunicaciones, y hay que dejárselas a ellos. La comunicación debe estudiarse en las ciencias humanas segùn un modelo que le sea propio. Estos investigadores estiman que la utilización del modelo de Shannon en lingüística, antropología o psicología ha conducido al resurgimiento de los presupuestos clásicos de la psicología filosófica sobre la naturaleza del hombre y de la comunicación. Según ellos, la concepción de la comunicación entre dos individuos como transmisión de un mensaje sucesivamente codificado y después decodificado, reanima una tradición filosófica en la que el hombre se concibe como un espíritu enjaulado en un cuerpo, que emite pensamientos en forma de ristras de palabras. Esas palabras salen por un orificio ad hoc y son recogidas por embudos igualmente ad hoc, que las envían al espíritu del interlocutor, el cual analiza y extrae su sentido. Según esta tradición, la comunicación entre dos individuos es, pues, un acto verbal, consciente y voluntario". (1.982, pag 20 y 21).
Precisamente en este ambiente intelectual, la pragmática de la comunicación, marca un quiebre que implica saltar fuera del modelo de causalidad lineal y avanzar hacia un planteamiento interaccional de perspectiva antropológica y circular. Una elemental consideración de los axiomas exploratorios de la comunicación, resposiciona todo el estudio de la comunicación interpersonal, respecto al modo como se desprende del modelo de Shanno y Weaver. Paul Watzlawick, renuncia a todo intento de atomizar la investigación; "Sin embargo, no nos parece solamente permitido sino imprescindible el concebir la tríada emisor-signo-receptor como la unidad más pequeña de cualquier análisis pragmático y el tratarla como indivisible (...) Es inútil analizar la relación entre emisor y signo sin tener también en cuenta el receptor y signo dejando de lado al emisor (...). De esta forma se ha dado un paso decisivo: Nuestra perspectiva se desplaza del individuo hacia la relación entre individuos como fenómeno siu generis, y en el momento en que esto sucede, entramos en conflicto con viejas concepciones del hombre y su comportamiento" (1.992, pag.12).
Las críticas a la teoría de la información, han ido surgiendo por todas partes. En Europa en lingüística Bernard Rimé de la Universidad de Lovaina, asociado a las investigaciones del psicólogo social Serge Moscovici y a la Escuela de Ginebra, formula el siguiente planteamiento: "Este modelo sirvió de base al estudio psicológico del lenguaje y de la comunicación, llevado a cabo desde 1952 con el nacimiento de la psicolingúística. Sin embargo, presenta un límite que implicará graves consecuencias para la orientación de estos trabajos. Inspirados en máquinas, este modelo hará que los investigadores desprecien el hecho de que la fuente y el destinatario son los seres humanos y que entre ellos, en la comunicación, se establece una relación psicosocial. Los psicolingüístas han puesto entre paréntesis la cuestión del locutor, del auditor y de la interacción de sus expectativas, características, actitudes, intereses y motivaciones, para preocuparse únidamente de las operaciones de codificación y desciframiento" (1984, pag. 536).
También el gran pensador canadiense Marshall McLuhan se refiere al modelo de Shannon y Weaver, atribuyéndole una inusitada importancia. En un libro póstumo, en que aparece en calidad de coautor con su hijo Eric, retoma la crítica, señalando que la influencia de este modelo ha sido poderosa, al extremo de constituirse en el punto de referencia privilegiado de toda la teorización occidental sobre comunicación. Sostiene McLuhan: "El modelo de la comunicación de Shannon y Weaver, base de todas las teorías occidentales contemporáneas de los medios informativos y de comunicación, tipifica la tendencia lineal del hemisferio izquierdo. Esta es una especie de modelo de plomería de un recipiente de hardware para un contenido software. Subraya la idea de "dentro" y "fuera" y presupone que la comunicación es una especie de apareamiento real y no de creación resonante (...) El modelo de Shannon y Weaver y sus derivados, siguen la pauta lineal de la causa eficiente: La única forma secuencial de causalidad" (1.990, pag. 99 y 100).
La influencia de este modelo ha sido importante. McLuhan l ribuye la responsabilidad de provocar una particular interpretación de los fenómenos comunicacionales, en términos de un transporte secuencial y lineal de datos como simples contenidos destacados, pasando por alto completamente el campo de los usuarios y de la sensibilidad. Cuestiona también, el haber condenado al olvido todos los efectos laterales que siempre posee un sistema de comunicación, pretendiendo que un canal puede ser concebido como un recurso neutro. Los tres conceptos que Mc.Luhan utiliza con mayor frecuencia para calificar el legado de Shannon y Weaver son Lineal, Secuencial y Lógico.

La originalidad y especificidad de la investigación latinoamericana en comunicación toma sus raíces de una evolución social concreta. En la historia reciente como en la actualidad, este contexto ha originado teorías importantes.
En los últimos veinte años, las investigaciones en materia de comunicación en América Latina han crecido de manera constante, tanto en cantidad como en la madurez de sus enfoques teóricos propios. No es extraordinario que en cualquier año que tomemos como ejemplo se hayan publicado entre veinte y treinta libros sobre temas que van de la semiótica a la comunicación popular. Actualmente hay cinco o seis importantes revistas de investigación que publican artículos de trascendencia teórica provenientes de toda América Latina, y que tienen una distribución relativamente buena en el área idiomática continental. Entre las más conocidas se encuentran Dia-Logos (revista de la FELAFACS, Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades de Comunicación Social), Comunicación y Cultura (publicada en México), Chasqui (publicada por CIESPAL, Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina, con sede en Ecuador), Comunicación (Venezuela), Comunicaçao e Sociedade (Brasil), e Intercom (publicada por la Sociedade Brasileira de Estudos Interdisciplinares de Comunicaçao). Además, diez o doce facultades de ciencias de la comunicación publican revistas y cuadernos que tienen bastante buena distribución a través de una red de intercambio universitario y que, a menudo, publican artículos de una originalidad teórica excepcional.
Un estímulo de importancia creciente para la investigación es la FELAFACS, una organización poderosa que tiene alrededor de ciento setenta facultades e institutos afiliados, que representan aproximadamente ciento setenta y cinco mil estudiantes de comunicación social de nivel universitario. FELAFACS, con secretaría permanente en Lima, Perú, publica, además de Dia-Logos, una colección de monografías y libros de texto, patrocina grupos de trabajo para mejorar el nivel profesional de la enseñanza universitaria de la comunicación, y celebra un congreso anual. La Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación, ALAIC, cuenta con varios grupos nacionales fuertes, como AMIC de México, y ha publicado una importante colección de sumarios bibliográficos de investigaciones en materia de comunicación realizadas en América Latina.
Hay algunos institutos independientes importantes con programas de investigación en comunicación, tales como IPAL, Instituto para América Latina, con sede en Perú; ILET, Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, en Santiago de Chile y México; y CIESPAL, en Ecuador. Estos institutos y otros afiliados a universidades, como el de la Universidad de Colima en México, tienen publicaciones periódicas y organizan conferencias y seminarios. Los europeos podrían mirar con envidia el monto de los fondos para investigación que ingresan estos institutos, en especial de origen canadiense y europeo, pero el mérito corresponde a la iniciativa de los latinoamericanos para diseñar y promover proyectos de investigación destinados a comprobar enfoques teóricos.
Una de las más llamativas características de las investigaciones en materia de comunicación en América Latina -un poco en contraste con lo que ocurre en Europa y en otras partes del mundo- es la notable intercomunicación que existe entre los investigadores, los proyectos de investigación cooperativa y la conexión entre diversas organizaciones, institutos, publicaciones y facultades. Los latinoamericanos tienden a considerar su tarea como una empresa continental de investigación, lo que da lugar a un grado relativamente alto de conocimiento mutuo de lo que están haciendo los investigadores. Por supuesto que a menudo hay debate y un agrio desacuerdo, sin embargo, muchos latinoamericanos se refieren a su conexión continental como la "amigocracia".
Otra característica importante de las investigaciones en materia de comunicación en América Latina, es su relación directa con la formulación de la política de medios de comunicación, con los esfuerzos para formarlos y, especialmente, con los movimientos populares que introducen formas alternativas de comunicación y de medios. Los investigadores tienden a medir la importancia de su tarea no simplemente en términos de belleza y claridad teórica, sino más bien en términos de eficiencia para reformar los medios de comunicación y para favorecer la comunicación dentro de los movimientos populares. Los investigadores y los profesores universitarios han tenido el valor de comprobar sus ideas mediante la relación con movimientos sociopolíticos. En el apogeo de la hegemonía de los regímenes de seguridad nacional, en los años setenta, el compromiso de algunos de los más importantes investigadores los llevó al exilio. Irónicamente, la expulsión de la universidad o de los puestos de planificación del gobierno, les permitió disponer de más tiempo y libertad para dedicarse a la investigación y los aproximó a movimientos populares con modelos muy innovadores de comunicación participativa. Todo esto ha dado a las investigaciones en materia de comunicación una vitalidad y pertinencia inusitadas. También significa que las propuestas teóricas deben ser probadas y reformuladas continuamente en la dura escuela de la realidad sociopolítica y cultural.
La tercera característica de la investigación en materia de comunicación en América Latina, proviene de su preocupación por el cambio político y social. Es decir, su tendencia a encuadrar los temas de comunicación y medios no sólo en términos de problemas de ámbito restringido, como puede ser la violencia en los medios de comunicación o la problemática de los profesionales de los medios, sino en términos del papel que les cabe a los medios en el proceso social, involucrando en aquéllos el desarrollo de las instituciones políticas, económicas y culturales. La investigación sobre la comunicación ha estado en general relacionada con problemas básicos que se refieren a la clase de sociedad y cultura que está emergiendo en América Latina, y a cuál es el papel que los medios de comunicación deberían jugar en ese proceso. Por lo tanto, los esfuerzos realizados han sido especialmente creativos en el campo de las teorías normativas de la comunicación de masas y en el de los estudios de carácter cultural.
De este proceso de investigación, formulación teórica y debate, estimablemente rico, han surgido cuatro áreas de análisis que pueden entenderse como una contribución latinoamericana considerablemente original a los estudios en materia de comunicación en el plano internacional. Dichas áreas son: 1) influencia de la política económica internacional en el desarrollo de los medios de comunicación e instituciones culturales autóctonos; 2) ideas acerca de la reforma de los medios, política nacional de medios y, especialmente, democratización de la comunicación; 3) trascendencia de formas alternativas de comunicación y uso de los medios que están llevando a cabo los movimientos populares a consecuencia de su fortalecimiento, y su importancia como base para la democratización de los sistemas nacionales de comunicación y de medios; 4) mejor comprensión de la relación entre medios de masas y cultura popular en el desarrollo de los sistemas culturales y sociopolíticos nacionales.
Las tres primeras de estas áreas se desarrollaron en orden más o menos cronológico durante los años setenta y en los inicios de los ochenta aunque se han producido importantes cambios y matizaciones en los años recientes. La última área es un objetivo básico de gran parte de la investigación actual; representa una síntesis y es probablemente la contribución más madura e importante.

Papel de la política económica transnacional en un desarrollo cultural dependiente y distorsionado
El primer paso en el desarrollo de una tradición latinoamericana autóctona de investigación en materia de medios, se dio en los años sesenta con el rechazo del funcionalismo norteamericano, perspectiva modernizadora que ponía énfasis sobre la difusión de prácticas y efectos conductistas (Schwarz y Jaramillo, 1986: 57). El sistema teórico alternativo que adoptaron ampliamente los investigadores de los medios de comunicación fue la "teoría de la dependencia", que analizaba el subdesarrollo de los medios de comunicación latinoamericanos y su falta de respuesta a los problemas sociopolíticos, económicos y culturales reales, en términos de integración dependiente en el sistema político económico capitalista internacional.
Diversos estudios acerca del contenido de la programación televisiva, de las tiras cómicas, de la publicidad y de las noticias, encontraron que se hacía una imposición directa de la ideología capitalista por medio de la cultura popular de los EE.UU. Este "imperialismo cultural" sujetaba a las clases populares a las ideologías dominantes y además era potencialmente destructivo de las tradiciones culturales de América Latina (Dorfman y Mattelart, 1971). Tal vez más importante fue el cambio fundamental de perspectiva de los investigadores latinoamericanos de la comunicación, que se alejaron del intento de "ponerse al día" con el mundo industrial desarrollado y de una identificación con los movimientos anticolonialistas de liberación de las nuevas naciones del "Sur", laxamente unidas en organizaciones del tipo de la de "Países no Alineados".
Hacia finales de los años sesenta los investigadores de la comunicación se fueron distanciando de la interpretación reduccionista que veía los medios como un instrumento de hegemonía cultural, es decir, de aquella que, por una parte, entiende que el desarrollo cultural está ampliamente controlado desde el exterior y que, por otra, divide el mundo en forma simplista entre naciones y sectores sociales dominantes y receptores pasivos (Lins da Silva, 1986: 93-95). Se ha criticado el enfoque reduccionista porque conduce a concepciones de autonomía nacional sin diferencias sociales internas, por su exagerada confianza en el poder del Estado como representante de todas las clases sociales para la reforma de los medios e, incluso, porque, en algunos casos, da pie a la propaganda nacionalista de las elites modernizadoras justificando el "régimen de seguridad nacional".
Posteriormente, la investigación se ha centrado, cada vez más, en el problema de la formación de monopolios internos en las industrias de la cultura y en la búsqueda, por parte de las elites, de alianzas con las empresas transnacionales en proceso de expansión. El efecto más significativo de esta organización transnacional de las industrias de la cultura, quizá no es tanto la dominación directa del desarrollo cultural latinoamericano -aunque ello esté sucediendo en algunos casos- sino una creciente rigidez en la organización sociopolítica, económica y cultural latinoamericana que impide el proceso normal de cambio social, de redistribución social del poder de toma de decisiones y de participación en el campo de la creatividad cultural.
El capital monopólico latinoamericano ha desarrollado e institucionalizado las formas de organización empresarial transnacional, hasta el punto de convertirlas en la base de la expansión transnacional, tanto dentro como fuera de la región latinoamericana (Fox, 1989: 48-49). El resultado directo de la concentración de poder y del incremento de la rigidez es la acentuación de la polarización social y del conflicto, lo que lleva aparejado un costo humano y cultural terriblemente alto, la ruptura del proceso negociador para desarrollar una política de medios de comunicación, el estancamiento cultural, y la incapacidad de los procesos políticos nacionales para responder de un modo innovador a las necesidades de información y comunicación propias de las sociedades latinoamericanas abocadas a un cambio rápido.
Con una perspectiva de dependencia cultural más matizada, la investigación ha dado lugar a varias áreas teóricas importantes, que se enuncian a continuación:
Mejor comprensión de las maneras complejas en que las empresas transnacionales operan en América Latina e influencian su desarrollo cultural. Por ejemplo, aunque la propiedad de los medios se mantiene primordialmente en manos de empresarios y gobiernos latinoamericanos, el poder financiero de la publicidad transnacional ha influenciado en las estrategias de información y programación de modo que respalden las campañas internacionales para introducir determinadas líneas de productos. Por una parte, esto reduce la diversidad y creatividad de los contenidos de los medios, con el resultado de que éstos no se constituyen en un foro adecuado para el debate y las expresiones culturales. Por otra parte, los medios promocionan estilos transnacionales de consumo (orientado hacia el mercado de los EE.UU.) que no tienen que ver con la cultura latinoamericana y que no responden a las necesidades de desarrollo social de los grupos sociales deprimidos (Roncagliolo, 1986: 79-87; Janus, 1986: 127-142).
Análisis de las maneras en que la relación de intereses de los medios de comunicación latinoamericanos con las industrias culturales transnacionales produce un aislamiento de información y perspectivas de grandes sectores de población y de los nuevos movimientos socioculturales de América Latina. Los medios no producen la clase de información que los latinoamericanos necesitan para hacer frente al cambio de condiciones. Hay otra línea de investigación relacionada con la anterior, que analiza la aparición de sistemas de información alternativos, populares o clandestinos que buscan cubrir las deficiencias, y el modo como estos sistemas alternativos pueden obtener reconocimiento adecuado e integrarse dentro de las instituciones de medios latinoamericanas (Reyes Matta, 1986: 190-214).
Análisis histórico comparativo de la influencia transnacional sobre los medios y el desarrollo cultural. Algunos estudios han sugerido, por ejemplo, que en los años treinta y cuarenta, antes de la expansión transnacional del periodo de posguerra, la radio, el cine y la música popular ayudaban más que ahora a la integración nacional, al descubrimiento de la identidad cultural latinoamericana, y al ritmo humano de vida en la familia, la comunidad y la región. La introducción en los años sesenta de modelos de televisión mucho más norteamericanos, con su publicidad y programación fuertemente relacionadas con las demandas de crecimientos cuantitativos de la productividad y los mercados nacionales, ha tenido como consecuencia la homogeneización cultural y la subordinación de los grupos sociales primarios a la dinámica de la movilidad ascendente individual (Martín Barbero, 1987: 193-202).
En el ámbito político, esta línea de investigación y formulación teórica proporciona una base para las acciones de los gobiernos latinoamericanos dirigidas a crear flujos de información más autónomos e intracontinentales por medio de agencias como ASIN (Acción de Sistemas de Información Nacional), destinada a la distribución de información en el medio intergubernamental, y ALASEI (Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información), que suministra noticias de temas claves analizados más en profundidad, para cubrir las deficiencias de las más importantes agencias de noticias internacionales.
Tal vez una de las contribuciones más importantes de la adopción inicial del enfoque dirigido a la dependencia cultural, fue la definición del estudio de los medios como una cuestión de hegemonía cultural, ideología, resistencia de las clases populares y participación popular en la creación de culturas nacionales. Un trabajo reciente muestra la necesidad de estudiar los procesos históricos específicos en países específicos y de considerar las diferencias de los medios. La teoría ha realizado análisis mucho más sofisticados de la organización político-económica interna, aunque siempre dirigidos a una cuestión básica: la manera en que influye en el desarrollo cultural de los países latinoamericanos.

Teorías sobre la democratización de la comunicación y la reforma de los medios
La amplia difusión que tuvo en los comienzos de los años setenta la concepción del subdesarrollo latinoamericano en términos de dependencia e imperialismo cultural, convenció a gran parte de la opinión pública informada y a los líderes políticos más progresistas, de que era necesario llevar adelante políticas tendentes a favorecer un mayor control nacional de los medios y su "disociación" -de la industria transnacional de medios. La influencia norteamericana en los medios de masas estaba en su cúspide y los investigadores de la comunicación, basándose en sus análisis de las serias distorsiones que sufría el desarrollo cultural a consecuencia de unos medios dominados desde el exterior, sintieron que era urgente su acción directa en la formulación de una política nacional de medios de comunicación.
El establecimiento de una serie de institutos de investigación de políticas de comunicación, como el ILET en México, el ININCO en Venezuela y otros centros o grupos similares en otros países latinoamericanos, permitió reunir algunos de los investigadores de más talento en materia de comunicación, proporcionándoles una plataforma relativamente bien organizada y bien dotada financieramente para transformar los análisis teóricos en formulaciones políticas. Tal vez en ninguna otra parte del mundo los investigadores de la comunicación han tenido un acceso tan directo al proceso de creación de políticas de medios públicos, como en América Latina en los años setenta y comienzos de los ochenta. Y respondieron a la oportunidad de que dispusieron con formulaciones notablemente creativas en materia de filosofía de los medios públicos y de teorías normativas sobre la comunicación de masas.
Los procedimientos formales acerca de planificación y política nacional de comunicación, en parte fueron puestos en marcha por agencias internacionales tales como la UNESCO. Pero en los años de preparación para la conferencia cumbre de gobiernos latinoamericanos sobre política nacional de comunicación celebrada en San José de Costa Rica en 1976, ya pudo disponerse de proyectos bien formulados provenientes de toda América Latina. Más importante aún fue la presión para lograr el cambio social que agresivos movimientos sociopolíticos realizaron durante los años sesenta y comienzos de los setenta. Estos movimientos se inspiraban parcialmente en la revolución socialista de Castro en Cuba, sin embargo, tenían raíces en las profundas dislocaciones sociales producidas por la rápida modernización de los años cincuenta y sesenta, que desató levantamientos campesinos y produjo la agresividad de los sindicatos y la radicalización de las universidades. Aunque en países como Brasil, Argentina, Uruguay y Chile una coalición de las elites modernizadoras con los militares respondió con la represión, los líderes políticos de Perú, Venezuela y México entendieron que su apoyo a los proyectos reformistas era un medio de legitimar y reforzar sus gobiernos que se enfrentaban a una población inquieta.
El fundamento de los proyectos de política de medios, fue una nueva filosofía pública en materia de comunicación que se desarrolló en América Latina en los años sesenta y setenta. Consistía en: 1) concepción de los medios no simplemente como un canal de información sino como un proceso de comunicación destinado a crear un debate razonado y libre en la comunidad (Pasquali, 1963); 2) definición de los medios de comunicación como un servicio reglamentado por el Estado en interés público; 3) énfasis en el derecho universal a la comunicación (Reyes Matta, 1981: 4) organización de los medios en base al principio de participacion, especialmente asegurando dicha participación a los movimientos de las clases populares; y 5) énfasis en el carácter de los medios como un foro para el desarrollo de las culturas latinoamericanas autóctonas.
Hacia finales de los setenta, grupos como el ILET reunieron estas diferentes ideas en lo que todavía hoy es uno de los modelos de "democratización de la comunicación" más cuidadosamente elaborado. Se han introducido elementos de este modelo en estudios europeos de teorías normativas de los medios de masa, como por ejemplo, la de McQuail (1987: 121-122). El modelo elaborado por el ILET incluye las siguientes previsiones: 1) reorientación de los medios de comunicación para que dejen de ser un servicio privado y adquieran el carácter de servicio público que responda a las necesidades de información de la población en su conjunto, especialmente de las clases populares; 2) amplio acceso a los medios y desarrollo de formas de participación en la producción; participación representativa del público en la formulación de la política de medios, al menos de modo indirecto; 4) nuevos acuerdos sobre la propiedad de los medios que aseguren su cometido como servicio público; y 5) introducción en la enseñanza primaria y secundaria de la preparación apropiada para un uso más crítico y participativo de los medios (Reyes Matta, 1981).
Desde finales de los años sesenta y durante los setenta, los expertos en política de comunicación de Perú, Venezuela y México, contaron con presidentes de mentalidad reformista que permitieron implementar, o al menos introducir , una legislación que incorporaba adaptaciones prácticas de la filosofía pública de la comunicación. Ésta ha sido prácticamente la única experiencia de puesta a prueba de análisis sociopolíticos de las instituciones y reformas de los medios, que haya merecido la atención de los estudiosos de la comunicación de Europa y otras partes del mundo. En realidad, el fracaso político de esos movimientos reformadores, ampliamente documentado en otros estudios (Capriles, 1982; Fox, 1989), reveló a los latinoamericanos algunas de las deficiencias de sus esquemas sociológicos referidos a los medios de masa, especialmente por su confianza en la perspectiva de la dependencia, que descuidaba el análisis de la hegemonía interna y de los procesos políticos nacionales. Esto ha llevado a reformulaciones importantes de la teoría de los medios de masa en América Latina.
Debería subrayarse que, aunque una coalición de intereses publicitarios, de propietarios de medios y de algunos sectores de profesionales que trabajaban en ellos, obstruyó la legislación reformadora, la filosofía pública de la comunicación y los modelos reformadores se han convertido en parte de muchas políticas y del pensamiento de muchos líderes políticos de América Latina. También las ideas más valiosas que surgieron en los años setenta se han incorporado a los textos y se explican en las clases de ciencias de la comunicación de las universidades latinoamericanas. Actualmente hay en América Latina una nueva concepción normativa de los medios que está influenciando, aunque sea de manera indirecta y negociada, en la formulación de la política de medios.
Una de las líneas más importantes de investigación en América Latina durante los años ochenta, ha sido el análisis de las causas por las que fracasaron los movimientos reformadores de los setenta y de cómo debe encuadrarse la reforma en el contexto del retorno a la democracia de países como Brasil, Uruguay, Argentina, Perú y Chile. Algunos de los objetivos de esta investigación son:
Búsqueda de bases más realistas para asentar el concepto de los medios como servicio público, dentro de una línea de continuidad y de las estructuras históricas fundamentales del proceso sociopolítico y cultural latinoamericano. Se reconoce la dificultad de alcanzar este objetivo porque, al contrario de muchos países europeos, por ejemplo, las instituciones de radiodifusión en América Latina en los años treinta no se formaron teniendo en cuenta el desarrollo cultural y la integración nacionales. En los años treinta, cuarenta y cincuenta, los gobiernos, preocupados por conseguir una industrialización rápida fuera como fuese, establecieron la práctica de realizar concesiones amplias a las iniciativas empresariales incluyendo las que se dirigían a los medios de comunicación, a través de los cuales y por medio de la publicidad, los empresarios trataron de desarrollar los mercados internos para los productos provenientes de las industrias de sustitución de importaciones (Fox, 1989: 210-230).
Análisis de las maneras de coaligar a los sectores sociales que tienen interés en la reforma de los medios y de articular la vaga insatisfacción con el sistema de medios existente que prevalece en la opinión pública.
Modos de reintroducir un proceso de negociación política entre los diferentes sectores sociales a fin de definir un área común de servicio público en la política de medios, y modos de incorporar a las formulaciones de los nuevos movimientos políticos postdictatoriales una política de medios explícita. Por ejemplo, algunos señalan como un modelo a seguir las negociaciones políticas llevadas a cabo en Chile en los años sesenta, que condujeron a la instalación de la televisión en las universidades por su carácter de zona pública neutral merecedora del respeto de la población. No obstante, se admite que las condiciones de los noventa habrán de ser muy diferentes a las de entonces (Catalán, 1989: 65-67).
Finalmente, hoy se encuentran muchos más estudios que recomiendan cambios moderados en los sistemas de medios existentes, tales como: mayor descentralización; traslado de inversiones públicas desde la infraestructura física al apoyo de la diversificación de la producción; incorporación de formas populares y alternativas en el sistema nacional de medios; diversificación de contenidos para satisfacer las necesidades de comunicación, de información y cultura; etcétera. (Portales, 1986.)

Comunicación popular como base para la democratización de los sistemas nacionales de comunicación y cultura
Las políticas de modernización de los gobiernos latinoamericanos después de la Segunda Guerra Mundial, que apoyaron el crecimiento rápido de la agricultura orientada a la exportación, atacaron paralelamente al esquema socioeconómico en el que una gran masa de población campesina vivía en régimen de semisubsistencia. En general, el sector campesino no se benefició de las mayores inversiones públicas en escuelas, apoyo técnico a la agricultura y medios de comunicación. Esto empujó a los movimientos campesinos a buscar la recuperación de la tierra, a presionar para lograr mejor educación y servicios comunitarios y a organizarse para conseguir créditos y un acceso al mercado más adecuados. También produjo la inmigración urbana en gran escala, creando los grandes "cinturones de miseria" que rodean a las ciudades latinoamericanas. Una vez más, las ciudades en manos de la clase media y los gobiernos nacionales no pudieron, o no quisieron, proveer servicios adecuados. De este modo en los asentamientos de inmigrantes se crearon organizaciones vecinales para reclamar mejor alojamiento, agua corriente, escuelas y transportes.
Dentro de la estructura organizacional de estos movimientos populares surgieron frecuentemente modelos de comunicación horizontal y participativa, que por sí mismos se convirtieron en un símbolo de oposición al modelo autoritario, vertical y jerárquico de comunicación controlada y dominada por elites, típica de las sociedades latinoamericanas. Los líderes de los movimientos populares, como consecuencia de la dinámica cultural de éstos, motivaban a los campesinos para que invirtieran el esquema de autodesprecio que habían internalizado, por otro que revalorizaba la autenticidad de la existencia y escala de valores de la clase deprimida.
Un hecho de gran importancia es que estos movimientos de clases bajas, de carácter más bien local, atrajeron las alianzas de grupos tecno-urbanos que también estaban en desacuerdo con el modelo de modernización dominante influenciado por el extranjero. En la medida en que estos aliados de la clase media con una mayor educación se unieron a los movimientos populares, les aportaron su experiencia en materia de organizaciones de mayor dimensión, regional o nacional, y su conocimiento de métodos educativos y en materia de comunicación y medios. Producto de esta alianza es un cuerpo de teoría y de métodos prácticos referentes a una cultura y una comunicación populares y participativas, que se ha convertido en una de las contribuciones latinoamericanas más importantes a la teoría cultural y de la comunicación de Europa y otras partes del mundo.
Típico de este proceso es el papel de las iglesias, especialmente de la iglesia católica con su organización rural y parroquial profundamente enraizada en la cultura popular, pero a la vez con una organización y un sistema de comunicación que se extiende no sólo a través de América Latina sino de Europa y otras regiones desarrolladas del mundo. Dada la falta de provisión de servicios estatales a los grupos de población deprimidos, las parroquias rurales y las diócesis -con un fuerte apoyo de parte de organizaciones de asistencia relacionadas con la iglesia europea- crearon una red de organizaciones rurales, centros de adiestramiento para la conducción de experiencias de comunicación y educación popular, métodos para desarrollar grupos de comunicación participativa y más de ciento cincuenta estaciones radiales que utilizan un modelo de radio popular que representa los intereses de los campesinos. En la medida en que la iglesia rural se ha identificado profundamente con los movimientos populares y en algunos casos con los movimientos de oposición política, ha desarrollado una nueva "teología de la liberación" y, en relación con ella, un esquema teórico y práctico de la "comunicación para la liberación". Estas ideas han sido recogidas y difundidas internacionalmente por organizaciones europeas de comunicación relacionadas con la iglesia, tales como la World Association of Christian Communication y las organizaciones católicas de comunicación. De ese modo, las iglesias se han convertido en uno de los grupos más poderosos de defensa de las ideas de democratización y de muchas de las propuestas del NOMIC (Media Development, 1980; UNDA, 1982).
Otro importante grupo de aliados urbanos de los movimientos populares fueron los líderes culturales y las personas relacionadas con las áreas de literatura, filosofía y ciencias sociales de las universidades. Al observar que la cultura latinoamericana estaba siendo absorbida por una marea de tecnología y cultura popular norteamericana, muchos de ellos entendieron que la afirmación de los valores de la cultura popular por parte de los movimientos de base, era una de las fuentes más auténticas, y menos influenciada por la modernización proveniente del exterior de cultura latinoamericana. También estaban convencidos de que el proceso de modernización no iba dirigido a la consolidación de una nación sino más bien a su división, y que el único modo de desarrollar una cultura nacional unificada era encarrilar los movimientos populares hacia la corriente central del desarrollo cultural nacional.
Uno de los más destacados expositores de esta línea de pensamiento ha sido Pablo Freire quien elaboró una teoría y método de educación y comunicación popular que estimularía el reforzamiento de las clases populares a través de la asunción consciente de sus propios valores, de la capacidad para la acción política y de la praxis de la comunicación. En el contexto de los regímenes de seguridad nacional de Brasil, Argentina, Chile y otros países durante los años sesenta y setenta, muchos de los estudiosos de la comunicación de más talento y líderes políticos fueron expulsados de las universidades y de los puestos en el gobierno, recalando en centros independientes dedicados a la comunicación popular. Allí tuvieron el tiempo y los contactos adecuados para avanzar en sus teorías y métodos de educación y comunicación popular.
Durante los años setenta, como los intentos de reforma de los medios por vía estatal fueron paralizados por la coalición de las elites tradicional y modernizadora que controlaban el aparato central del Estado, los movimientos de comunicación popular y alternativa florecieron en los márgenes de la sociedad latinoamericana. Y lo que es aún más importante, estos movimientos desarrollaron concepciones de comunicación, formas de uso de los medios y prácticas muy innovadoras de formación cultural por medio del teatro popular, y organizaron centros de documentación de base, periódicos, etcétera, que encarnaban los conceptos de comunicación democrática propuestos en las nuevas filosofías públicas de comunicación. Cada vez más estos movimientos sintieron que no solamente desarrollaban su propia comunicación interna, sino que eran protagonistas de una nueva comunicación democrática capaz de transformar las instituciones de la comunicación de toda la sociedad.
Muchos investigadores latinoamericanos de comunicación sugirieron que la reforma de los medios no vendría de arriba a abajo sino más probablemente de abajo a arriba a través de la penetración gradual de la sociedad latinoamericana por las nuevas formas de comunicación. La experiencia de países como Brasil, donde la vuelta a la democracia se basó en gran medida en las conexiones de una comunicación de base, parece proporcionar la evidencia de que la comunicación popular podría incorporar las masas al proceso político y cultural de América Latina (Festa, 1986: 11-29).
Los investigadores de la comunicación, en los últimos ocho años, están considerando como tema básico el de si la comunicación popular es realmente participativa y bajo qué condiciones su rápida expansión podría influenciar significativamente el desarrollo futuro de la comunicación en América Latina (Proaño, 1983: 2-3; 1986: 2-3). Algunas investigaciones han estudiado la importancia de extender las conexiones entre proyectos de barrio, movimientos y organizaciones que sean compatibles (Reyes Matta, 1982: 245-264). ¿Cómo puede la formulación de una política nacional de comunicación tomar en seria consideración el fenómeno de la actual presencia masiva de la comunicación popular e introducirlo más directamente en las instituciones de comunicación de América Latina? (Alfaro, 1989: 76-77.) ¿Cuál es la interacción entre las experiencias simultáneas de comunicación participativa en el medio local y la práctica receptora cotidiana de las telenovelas, noticias nacionales y entretenimientos en los medios de masa? ¿Las clases populares se vuelven creadores más activos y críticos de contenidos culturales en el uso de los medios de masa de resultas de ser productores activos de medios de ámbito local? (Alfaro, 1989.) En general, los latinoamericanos han desarrollado un esquema teórico bastante sofisticado en relación con la experiencia como productores activos de contenidos culturales en el micro ámbito y la práctica cotidiana de los medios de masa. Una vez más, se trata de un área de la teoría de la comunicación que merece mayor atención de parte de los europeos.

Papel de la cultura popular y de los medios de masa en la transformación de las culturas nacionales
En los últimos diez años, la atención de los investigadores latinoamericanos de comunicación, se ha desplazado desde la dominación cultural externa hacia el análisis de los factores sociopolíticos internos que influencian el desarrollo de las culturas latinoamericanas. En algunos aspectos este movimiento ha sido paralelo al alejamiento de algunos círculos europeos, especialmente en estudios culturales anglófonos, de los conceptos de "medios poderosos" e "ideología poderosa" (Hall, 1982; Fiske, 1987). En sus reinterpretaciones los latinoamericanos se basaron considerablemente (al menos al comienzo) en pensadores europeos tales como Gramsci, Bourdieu, Foucault y, hasta cierto punto, en estudios culturales británicos, pero en varios aspectos los latinoamericanos han elaborado enfoques diferentes y bastante originales del análisis cultural de la comunicación y los medios, como se expone seguidamente:
Como en los estudios culturales anglófonos, ahora los latinoamericanos valoran mucho más la capacidad de las clases populares y de la cultura popular para resistir y reinterpretar las ideologías hegemónicas en términos de los intereses sociales de dichas clases. Pero el compromiso e identificación más profundos de los latinoamericanos con los movimientos de base, les han hecho asignar mayor valor a la capacidad de las clases populares, no sólo para reaccionar frente a los medios de masa sino para convertirse en sujetos activos de la creación de contenido cultural. Los latinoamericanos también atribuyen un papel más importante a la memoria narrativa popular, colectiva e independiente, como el sustrato continuo de la cultura y la comunicación popular (Martín Barbero, 1986, 1987: 14-17).
Dado el interés de los latinoamericanos por la comunicación nacional y las políticas culturales y, especialmente, su elaboración de una teoría normativa de los medios de masa en términos de democratización, están menos preocupados por las resistencias e interpretaciones individuales y más interesados por el potencial de la cultura popular para lograr la democratización social de la comunicación y la cultura. En consecuencia, los latinoamericanos están más predispuestos a relacionar los estudios culturales con asuntos de política y diferentes proyectos culturales (Martín Barbero, 1987: 9-11).
Los latinoamericanos están menos dispuestos a ignorar o abandonar la cuestión de la hegemonía ideológica en favor de una facultad de interpretación de los medios casi libre e impredecible (Fiske, 1987), pero se han alejado de la dicotomía supersimplificada de lo hegemónico -los medios de masa y lo moderno- por un lado, y lo sometido pasivamente -el pueblo y lo popular- por otro lado. La cultura popular, especialmente en las enormes metrópolis urbanas, ha integrado los medios y lo moderno en una mezcla compleja con el pueblo, la memoria narrativa popular y los movimientos populares de oposición (Canclini, 1987; Martín Barbero, 1986: 202-219).
Una de las contribuciones más importantes de los latinoamericanos es el análisis del desarrollo histórico de los géneros populares de los medios, tales como la telenovela, proveniente de la radionovela de los años cuarenta y cincuenta y de orígenes más distantes como las compañías teatrales y circos nómadas de los comienzos del siglo veinte, así como de las novelas por entregas de los periódicos para las poblaciones de carácter urbano y del cordel o canciones narrativas largas (por ejemplo, el corrido mexicano) en las áreas rurales. En respuesta al argumento de Tunstall de que el imperialismo cultural se manifiesta en la exportación de géneros y formatos (1977), investigadores como Martín Barbero han proporcionado un método para analizar de qué manera evolucionan los formatos autóctonos de los medios en contextos sociopolíticos particulares. Martín Barbero sostiene que el carácter melodramático de las telenovelas contemporáneas ha sido por mucho tiempo una característica cultural típica de América Latina, tanto en el teatro y en el cine como en la vida diaria y la política (1986: 110-245). Es innegable que hay claras huellas de Hollywood y la Avenida Madison en todo ello, pero incluso esas huellas han sido integradas de un modo típicamente latinoamericano.
Los latinoamericanos han puesto un énfasis particular en el papel de los "nuevos movimientos" en la formación de la cultura popular, movimientos que tienen que ver con el sexo (feministas), asociaciones vecinales, religiosidad popular (comunidades cristianas de base), organizaciones de consumidores, juventud, etcétera. En estos movimientos, que hoy en América Latina tienen una muy importante significación política, los asuntos que preocupan no son tanto el control de las fuerzas productivas cuanto la significación cultural, el simbolismo y la identidad. La cultura en sí misma se ha convertido en un asunto político (Canclini, 1987; Martín Barbero, 1986).
Entre las diversas líneas de análisis de los medios y la cultura que han surgido de esos antecedentes, la síntesis de J. Martín Barbero sobresale como un logro singular (1986). El punto de partida para el análisis medios-cultura, argumenta Martín Barbero, no debería ser la disyunción de los medios en control hegemónico y recepción pasiva, concepto que, debe apuntarse, ha plagado buena parte de los estudios europeos, y especialmente americanos, sobre los medios. Antes bien, el enfoque para este análisis debería hacerse sobre las mediaciones, o sea los puntos de articulación e interacción entre los procesos de producción en los medios y la rutina cotidiana del uso de los medios en el contexto de la familia, la comunidad y la nación. Las mediaciones consisten en un proceso por el cual el discurso narrativo de los medios se adapta a la tradición narrativa popular del mito y el melodrama, y las audiencias aprenden a resistir a la hegemonía cultural y a reconocer su identidad cultural colectiva en el discurso de los medios. Este concepto de las mediaciones lleva a reunir en una estructura integrada muy diversos factores de la producción de contenidos culturales. Como se enuncia a continuación.
El proceso inmediato de producción de programas; la sensibilidad de los productores hacia los movimientos culturales y los acontecimientos en curso en la vida de la nación; el desarrollo histórico de los géneros y la estructura de las industrias culturales de América Latina.
En la experiencia del uso de los medios, la satisfacción inmediata y el reconocimiento de las identidades culturales, el reconocimiento de los géneros, el contexto familiar en el uso de los medios, el contexto del barrio y los movimientos sociales, el proceso de conflicto cultural, y el reconocimiento de los acontecimientos políticos de la nación.
El contexto de hegemonía político-económica, los movimientos políticos del país y los modos en que la cultura popular resiste, interpreta y absorbe el proceso político.
Las diversas vertientes de la historia cultural: los antecedentes más remotos de la cultura popular; la integración de la modernización y la cultura de masas; la influencia de las ideologías transnacionales y hegemónicas; y la influencia de los grandes periodos históricos o momentos críticos de un país.
En un nivel más específico y operacional de investigación, Martín Barbero sugiere tres enfoques de la mediación que permiten al investigador atrapar "en acción" estas diversas vertientes de producción cultural de contenidos: 1) La vida cotidiana familiar y la interacción entre el estilo coloquial íntimo de la televisión y la inmediatez de la rutina diaria y el círculo familiar. 2) La conexión de los ritmos temporales. El ritmo temporal de la televisión con su programación muy estandarizada no se ajusta, necesariamente, al ritmo emocional de las audiencias. Con todo, la televisión se adapta a sentimientos asociados con las vacaciones, los deportes y las estaciones del año. Más importante aún, las audiencias aprenden a descubrir en los medios, algunos momentos fragmentarios de encuentro emocional, cuando hay una identificación profunda con un personaje de televisión o la acción sintoniza con el drama de la vida real de las personas, familias o vecindario. 3) Géneros de los medios. La repetición continuada de géneros como el de la telenovela es el vínculo mediador entre la televisión manejadora de masas, comercial y competitiva, y la experiencia satisfactoria del reconocimiento de la identidad cultural o de interpretaciones críticas de lo emitido.
Las propuestas teóricas de Martín Barbero han suministrado la estructura general para un estudio cooperativo a cargo de equipos de varios países latinoamericanos. Esta investigación, que examina el modo en que las audiencias interpretan los grandes géneros televisivos, está sufriendo un gran debate interno así como modificaciones provenientes de las teorías que circulan actualmente.
En América Latina están surgiendo, por supuesto, otros esquemas teóricos importantes de análisis cultural. Jorge González en México, por ejemplo, sugiere que las relaciones culturales hegemónicas en América Latina, mejor que en términos de sometimiento y resistencia, se explican como frentes culturales o puntos de conflicto en los cuales dos sectores sociales luchan para legitimar su interpretación del significado de la misma área de experiencia transclasista. Por ejemplo, en su estudio de la religiosidad popular, González muestra que las iglesias en México son un lugar de enfrentamiento entre la legitimidad de significado propuesta por la iglesia jerárquica y oficial, por un lado, y por la iglesia de la religiosidad popular, por otro. En la actualidad, González y sus asociados están llevando a cabo un estudio a largo plazo del conflicto entre diversos frentes culturales en materia de producción de telenovelas mexicanas (González, 1986; 1987; 5-41).

Líneas de desarrollo futuro de la investigación de la comunicación en América Latina
Los investigadores latinoamericanos de la comunicación están abocados actualmente a un estudio de campo muy detallado, que incluye especialmente el análisis de la interacción entre las interpretaciones de la audiencia de la televisión popular y la producción de dicha televisión. Buena parte de la formulación teórica sobre el tema es una crítica dialéctica de las primeras formulaciones realizadas en los finales de los años sesenta y durante los setenta. Las investigaciones actuales generarán, sin duda, nuevos esquemas teóricos. Pero casi siempre, los informes sobre las investigaciones terminan con reflexiones acerca de la importancia de la experiencia desde el punto de vista del proceso de transformación sociopolítica y de liberación del continente.
Los diferentes periodos de desarrollo teórico e investigación han estado marcados por diferentes contextos sociopolíticos. Hoy, muchos países latinoamericanos están envueltos en el proceso de retorno a la democracia, lo que, una vez más, está involucrando a muchos diferentes sectores sociales en los mismos proyectos nacionales antes que polarizando la sociedad en sectores opuestos. Es de suponer que esta fase de la historia latinoamericana dejará su marca en el desarrollo de la investigación de la comunicación.


Los Paradigmas de la Comunicación: Nuevos enfoques teóricos-metodológicos
MIGDALIA PINEDA DE ALCÁZAR
INTRODUCCIÓN
Los profundos cambios ocurridos en el campo de las comunicaciones debido a la convergencia de tecnologías informáticas, de telecomunicaciones y audiovisuales, han revolucionado las formas de producción, de difusión y de recepción de la información, han alterado las relaciones de intercambios entre emisores y receptores y entre usuarios mismos hasta el punto de permitir otras modalidades de interrelación mediatizadas pero interactivas, dialógicas, en tiempo real y personalizadas.
Pero todas esas modificaciones están obligando a la revisión de los conceptos de información y de comunicación que han venido siendo utilizados en las Ciencias de la Comunicación, los cuales se han visto alterados al haberse modificado los dimensiones del tiempo y del espacio sobre las cuales se habían sostenido. Con la convergencia telemática, el tiempo de la comunicación se reduce hasta hacerse prácticamente instantáneo (tiempo real) y el espacio no queda constreñido a límites geográficos o de distancias sino que puede ser alterado por las tecnologías de la información que nos acercan a los hechos sin
movernos de nuestro sitio y nos trasladan a espacios virtuales, cibernéticos, donde podemos experimentar sensaciones interactivas diferentes (Vega, 1999)
Todas estas potencialidades de la comunicación son posibles hoy en un espacio globalizado, sin fronteras, sin limitaciones, accesible por las redes telemáticas, el ciberespacio, que nos permite movernos entre los límites de lo global a lo local de manera simultánea.
La globalización como un nuevo orden no sólo económico, sino político, social y cultural producto de la modernidad, ha dado una nueva dinámica a la expansión del capital sobre todo a partir de los años setenta con la aparición de las modernas tecnologías de las comunicaciones y los transportes que han permitido que los procesos de producción tengan una alta movilidad geográfica y que se comience a percibir que el mundo es un todo, dominado por las grandes multinacionales.
La nueva realidad regida por las grandes corporaciones ha hecho aparecer un pensamiento neoliberal que reivindica la potencialidad del mercado, la libre ganancia y la competencia como los valores dominantes de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, la globalización y el neoliberalismo que la acompaña no ha resultado ser un proceso simple sino complejo y lleno de paradojas, que destaca las contradicciones sociales y pone en tela de juicio todas las verdades o certidumbres sobre las cuales el hombre moderno se había apoyado para entender y explicar su mundo.
En este trabajo se abordará el problema de la crisis de los paradigmas en las Ciencias de la Comunicación y la necesidad de los enfoques transdiciplinarios como vía para el enriquecimiento y la renovación del pensamiento comunicacional, y se insistirá en la coexistencia de dos corrientes teóricas: un nuevo neopositivismo, alimentado por los enfoques sobre los procesos informáticos y organizacionales, y el surgimiento de un nuevo pensamiento holístico y transdisciplinario.
1.- CRISIS DE LOS PARADIGMAS Y EL PENSAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
En las ciencias de la comunicación los paradigmas clásicos han entrado en crisis desde hace varias décadas, sobre todo porque su visión instrumental y pragmática del fenómeno han impedido ver la multiplicidad y riqueza del proceso comunicativo.
La visión positivista, racionalista presente en la teoría de la comunicación que dio origen al paradigma de Laswell, en la actualidad resulta insuficiente para dar cuenta de los cambios que se están produciendo en las relaciones de comunicación, lo cual está obligando a plantear una recomposición del campo de estudio que traspase las fronteras disciplinarias sobre las cuales se había sustentado una teoría de la comunicación que explicaba el fenómeno desde la psicología conductista, la sociología funcionalista, al semiología estructuralista y el marxismo clásico.
La transdisciplinaridad emerge pues como un camino metodológico para enfrentar la pérdida de las certidumbres teóricas en las ciencias sociales en general y en las ciencias de la comunicación, en particular. Sobre todo porque ella da idea de ruptura de límites, de fronteras en la constitución de los saberes y se abre al conocimiento multipolar, descentrado, ramificado y entrecruzado y con ello da paso a la visión de un conocimiento compartimentado, no fragmentado, ni separado por disciplinas estrictas que sólo permiten enfoques cerrados y parcelados sobre los problemas que abordan.
La transdisciplinaridad, según Deleuze y Guattari (citado por Búfalo, 1999: 15), alude a “una modalidad rizomática de saberes, organizada por mesetas, ya que una meseta no está ni al principio ni al final sino en el medio y como tal es una zona continua de intensidades, que vibra sobre sí misma y que se desarrolla evitando cualquier orientación hacia un punto culminante o hacia el exterior... La meseta es pues una multiplicidad que se conecta con otras por tallos superficiales o subterráneos para extender un rizoma, que conecta con otro punto de distinta naturaleza, de signos distintos y que no puede ser reducido a lo Uno, ni a lo múltiple porque no está hecha de unidades sino de dimensiones cambiantes. No tiene principio ni fin, sino un medio por el que crece y se desborda... Esta constituida por multiplicidades lineales de infinitas dimensiones, sin sujeto ni objeto, que por su naturaleza no varía sus dimensiones sin cambiar ella misma “. (Deleuze y Guattari, 1994)
Considerada así, la transdisciplinaridad se opone a los sistemas jerárquicos de las ciencias positivistas, con sus centros de significancias y saberes organizados en función del pensamiento cartesiano y el método hipotético deductivo, como punto fijo de partida y como principio del saber. Además, las disciplinas modernas positivistas son discursos fundados por un sujeto, concebido como un individuo soberano de conocimiento entendido en términos kantianos, que otorga propiedades gnoseológicas a quien ha hecho un esfuerzo espontáneo por producir el conocimiento. Mientras que el enfoque transdisciplinar concibe a los discursos científicos como agenciamientos colectivos de enunciación, que provienen del aumento de dimensiones de una multiplicidad que cambia de naturaleza, diluyendo al sujeto cognoscente en las prácticas subjetivas con dimensiones sociales, dando paso a una nueva figura de la subjetividad: el individuo social (Del Búfalo, 1999), capaz de una nueva manera de relacionarse, en un espacio liso, heterogéneo, sin puntos fijos, de variaciones continuas, formado por eventos más que por cosas.
Partiendo de la anterior concepción del saber transdisciplinario, se hace necesario que la revisión teórica se desplace de los compartimentos estancos disciplinares hacia las prácticas sociales donde se configuran los individuos como sujetos sociales y que se cargue de sentido político.
El fin de la ciencia convencional, lineal, obliga a la reconstrucción de la actitud científica para dar paso a enfoques emergentes que insisten en la discontinuidad, en la diferencia y en una nueva sensibilidad ética y social, que cuestionan el modo de conocer dominante en las ciencias occidentales basado en la objetividad, verdad y verificación empírica como método único de acercamiento a lo real.
El pensamiento transdisciplinar plantea que la ciencia no es única, que los resultados de la actividad científica deben tener una vinculación con la vida cotidiana y subjetiva de las personas, que la ciencia como actividad humana supone una interpretación desde la óptica de quien la realiza y que los estados afectivos de los sujetos sociales pueden modificar, afectar y alterar los procesos cognitivos, por lo que todo conocimiento no remite a un hecho puro sino a una interpretación. Antes estos desafíos, lo que está en crisis es el paradigma positivista de las Ciencias clásicas y sus modos de conocer pero no un nuevo paradigma epistémico que en su multiplicidad y descentramiento concibe una ciencia más humana, más humilde, más relativa y más crítica. (Martínez, 1999)
En el campo de las Ciencias de la Comunicación el salto hacia lo transdiciplinar, ha significado en las dos últimas décadas no sólo el cuestionamiento del paradigma del modelo de comunicación unilateral de Laswell sino un enriquecimiento teórico- práctico de la investigación devenido de enfoques de la antropología, la historia, la economía política, la etnografía y la sociología crítica que han comenzado a interrogar los problemas de la comunicación desde otras ópticas como la de los movimientos culturales y las mediaciones simbólicas, porque más que desde los objetos (medios) o desde los sujetos (emisores/receptores) se aborda el problema de las subjetividades y los discursos sociales.
2. - LA EMERGENCIA DE UN NUEVO NEOPOSITIVISMO EN LAS CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN
Sin embargo, el campo de la comunicación no escapa a las contradicciones que plantea la crisis de los paradigmas, y los avances teóricos logrados con enfoques más abiertos y flexibles se han visto acompañados de la aparición de planteamientos que devienen de una matiz teórica neopositivista, la cual ha resurgido a mediados de los setenta y se ha extendido en las décadas de los ochenta y los noventa con los enfoques gerenciales y la comunicación organizacional, así como con la teoría informacional, derivada de la cibernética, aplicada al estudio de los procesos de transmisión de información mediante computadoras.
En el fondo de esos enfoques se encuentra la teoría general de los sistemas, del biólogo Ludwing Von Bertalanffy (Mattelart, 1997:44), según la cual la información y sus procesos de transmisión y control en el seno de las organizaciones contribuyen a que los mismos funcionen, se regeneren, se institucionalicen y sobrevivan. Al trasladar el concepto de sistema a las organizaciones sociales y al pensar que todos los sistemas bien sea físicos, biológicos, psicológicos y sociales tienen características similares y pueden trabajar con un mismo modelo de análisis se confluye con las propuestas funcionalistas de la teoría de Talcott Parsons sobre los sistemas.
Según Lilienfeld (1984), la teoría de los sistemas concibe que el estado característico de los sistemas abiertos es su constante interacción con el entorno, con el cual mantiene una situación constante de equilibrio a pesar de que las entradas y salidas de información al sistema pudiesen producir transformaciones en sus partes. El concepto de estado constante de todo sistema abierto, es tomado de las leyes termodinámicas de la física, según las cuales el equilibrio de un sistema, su permanencia en un estado constante a pesar de estar abierto al entorno, depende fundamentalmente del suministro de energía. En el fondo todo enfoque sustentado en la teoría de los sistemas busca siempre el equilibrio.
En una visión más moderna, Niklas Luhmann aporta su teoría que considera a la sociedad como un sistema abierto que comprende no sólo los procesos evolutivos del hombre sino su proyecto de futuro, como un sistema dinámico pleno de significaciones dialógicas pero acompañado de un desarrollo tecnológico que si bien presenta peligros para la especie humana también contiene la esperanza y el futuro de la misma. (De Oliveira, 1992).
Aunque Luhmann busca abordar lo social de una manera más integral que las teorías clásicas lo hace desde la propuesta de la teoría de los sistemas, según la cual la sociedad es un sistema que se autogenera y autorreproduce, un sistema complejo integrado no tanto por individuos sino por la comunicación y determinado por la producción de sentido (Burkle, 1994:127-141).
El cientificismo sistémico que acompaña este pensamiento y que busca abordar la globalidad, las interrelaciones de los elementos que conforman al todo y la complejidad de los sistemas como conjuntos dinámicos y cambiantes, aplicado al campo social penetró primero en las ciencias políticas para luego incursionar en el campo de las ciencias de la comunicación a partir de Laswell, cuando se estudia cómo los medios y la información intervienen en la formación de las decisiones políticas y cuando se aborda el problema del feed-back o comunicación de retorno en su función de retroalimentación y regulación del sistema. (Mattelart, 1997).
En la actualidad, ese cientificismo sistémico ha servido de apoyo a teorías sobre las sociedades tecnológicamente avanzadas que analizan las innovaciones sociales y los procesos informáticos y electrónicos producidos en la sociedad de la información y a teorías sobre el análisis sistémico de las organizaciones modernas y sus estudios gerenciales; las cuales continúan dependiendo fuertemente de las derivaciones teóricas de la biología y la física al considerar a la categoría “sistema” como una realidad fija, determinada por funciones y disfunciones controlables, que aunque en sus visiones más progresistas incluyen al concepto de “sistema abierto”, y con ello plantean una divergencia con la física clásica, no transgreden la matriz teórica propia del pensamiento científico positivista.
3. - LAS TEORÍAS CONVERGENTES, LA TRANSGRESIÓN DE PARADIGMAS Y LAS APROXIMACIONES DIALÉCTICAS

Frente a ese resurgir de un nuevo neopositivismo que acompaña a las visiones optimistas sobre la cultura organizacional y el papel del crecimiento exponencial de la información en las sociedades modernas, sobre todo con el desarrollo de las tecnologías de la información, aparece un nuevo pensamiento más holístico y global que en su oposición con el positivismo modernista busca radicalizar la reflexión y aboga por un pluralismo metodológico.
En los años noventa, la fuerza del pensamiento posmodernista en las Ciencias Sociales parece tender hacia esa dirección, la de la confluencia, la interdisciplinaridad, la del alejamiento de la racionalidad científica encerrada en las fronteras del positivismo lógico, la de la vuelta de la ciencia hacia la vida humana, la de la reflexión profunda para derrumbar o validar viejos argumentos.
Esa “síntesis creativa”, según la definición de Enrique Sánchez (1992) se sustenta en la teoría de las apropiaciones dialécticas, en la reflexión teórica, en el pluralismo disciplinario y en la confluencia metodológica como vías para comenzar una tarea de recomposición del pensamiento científico del siglo XXI que deberá arrancar de la transgresión de teorías, paradigmas, modelos y enfoques metodológicos para poder iniciar la construcción de otras teorías con fundamentos filosóficos, éticos y epistemológicos críticos, desde lo real-global y con enfoques más holísticos, integrales y sinérgicos.
Los riesgos que implican esa nueva aproximación a la realidad desde una perspectiva distinta, nos obligan como investigadores de la comunicación a retomar la investigación teórica para ejercer una vigilancia epistemológica que hoy resulta fundamental para reconstruir los campos del saber comunicacional que han estado fuertemente influenciados por enfoques metodológicos y teóricos propios del neopositivismo.
Por su parte, la confluencia de nuevos enfoques en la constitución de paradigmas transdiciplinarios en el campo de la comunicación nos plantea la necesidad de mantener una apertura para mirar los fenómenos comunicacionales desde la historia, la cultura, la economía, la antropología y en ese juego de apropiaciones dialécticas poder acercarnos a problemas concretos que nos permitan una reflexión teórica más humanizada y menos instrumental.
La corriente de investigación latinoamericana ha empezado a llamar la atención sobre la necesidad de indagar la realidad comunicacional sin miedo a las aproximaciones empíricas, útiles para contrastar teorías, sin olvidar por ello las visiones críticas, de reconstrucción; en este planteamiento han coincidido los mexicanos Enrique Sánchez (1997), Raúl Fuentes (1997) y José Carlos Lozano (1994), entre otros.
Incluso, Sánchez y Fuentes han mantenido un interesante debate sobre los retos de la investigación de la comunicación mexicana, que podrían ser perfectamente aplicados a la investigación latinoamericana en general. Por una parte, Sánchez (1992), valiéndose de su concepto de “síntesis creativa”, plantea la idea de que lo que hace falta en estos tiempos de incertidumbres, de no verdades acabadas, es el equilibrio metodológico que permita proponer articulaciones creativas y críticas entre diversos enfoques, teorías, disciplinas y puntos de vistas que ayuden a conocer y comprender mejor la comunicación humana (Sánchez, 1997:55), aunque plantea que en los estudios mexicanos de la comunicación lo que se observa es una disciplinarización de los enfoques hacia la sociología.
Por su parte, Fuentes (1997), habla más de la postdisciplinarización de los estudios mexicanos y sostiene que frente a los retos más que de rescatar la disciplinaridad en la investigación de la comunicación, se trata “de construir por encima de las disciplinas sociales dominantes, una síntesis de conocimiento que supere los límites entre especialidades cerradas y jerarquizadas(...) cuya legitimidad académica y social dependa más de la profundidad, extensión, pertinencia y solidez de las explicaciones que produzca, que del prestigio institucional acumulado por un gremio encerrado en sí” (Fuentes, 1997:220).
Pero, para lograr esa síntesis no solamente hace falta que en América Latina se comiencen a proponer concepciones epistemológicas y teóricas propias, sino que se rescate la investigación empírica sobre problemas concretos de la comunicación, a modo de poder consolidar alternativas de conocimiento que transformen nuestra realidad. En este resulta, además, fundamental recurrir a múltiples enfoques de las ciencias sociales y al traspase de las fronteras anteriormente delimitadas para cada una de sus disciplinas.
En este punto resulta útil proponer para el debate no sólo el concepto de “postdisciplinaridad” utilizado por Fuentes, quien indica haberlo tomado de sociólogos como Giddens, Bourdieu y Thompson, sino el concepto de “transdisciplinaridad” como es entendido por Deleuze y Guattari (1994) -el cual fue apuntado en la primera parte de este trabajo por el filósofo venezolano Enzo Del Búfalo- quienes lo conciben como una multiplicidad de saberes que no tienen límites, ni principio ni fin, hecho de conjunciones y de entrecruces, que buscan subvertir los dogmas y paradigmas legitimados por el pensamiento científico occidental.
NOTAS Y REFERENCIAS
- BÚFALO, Enzo del (1999). “El Triunfo de la economía de mercado y el ocaso de la teoría pura”. Ponencia presentada en el Seminario ¿Fin de la Ciencia?. CIPOST/Instituto de Filosofía del Derecho. LUZ. Maracaibo, 7 y 8 de Mayo.
- BURKLE: B, Martha (1994). “La Comunicación: constitutivo esencial de la sociedad. Una aproximación a la propuesta luhmanniana”. En: OROZCO, G (Coord). Perspectivas para el análisis de los procesos de recepción televisiva. Cuadernos de Comunicación y Prácticas Sociales Nº 6. Universidad Iberoamericana. México. Pp.127-141.
- DELEUZE, G y GUATTARI, F (1994). Mil Mesetas. Edit. Pre-textos. Valencia-Venezuela.
- FUENTES, Raúl (1997). “Retos disciplinarios y postdisciplinarios para la investigación de la comunicación”. En: Revista Comunicación y Sociedad, Nº 31. Universidad de Guadalajara. México, Septiembre-Octubre.
- LIlLIENFELD, Robert (1984). Teoría de Sistemas. Trillas. México.
- LOZANO, José C (1994). “Hacia la reconsideración del análisis de contenido en la investigación de los mensajes comunicacionales”. En: CERVANTES, C y SÁNCHEZ, E (Coords.). Investigar la Comunicación. CEIC/universidad de Guadalajara/ALAIC. México.
- OLIVEIRA CARDOSO, Onésimo de (1992). “Os paradigmas no ensino da comunicaçao: a transgressao epistemològica”. En: Revista Comunicaçao & Sociedade, No 17. Instituto Metodista de Educación Superior. Sao Paulo-Brasil.
- MARTÍNEZ, Miguel (1999). Conferencia dictada en el Seminario ¿Fin de la Ciencia? CIPOST/Instituto de Filosofía del Derecho. LUZ. Maracaibo, 7 de Mayo.
- MATTELART, Armand (1997). Historia de las teorías de la comunicación. Paidós. Barcelona-España.
- SÁNCHEZ, Enrique (1992). Medios de difusión y sociedad. Notas críticas y metodológicas. CEIC/Universidad de Guadalajara. México.
- SÁNCHEZ, Enrique (1997). “Algunos retos para la investigación mexicana de comunicación. Una reflexión personal”. En: Revista Comunicación y Sociedad, Nº 30. Universidad de Guadalajara. México.
- VEGA, Aimée (1999). “Los medios de comunicación en el nuevo orden”. En: Noticias de Comunicación (Noticom), Nº 10. Edit. Bosch. Barcelona- España, disponible

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